20.4.08

16

Para cuando salgo del baño ya estás lista, esperando impaciente mi llegada, cubierta solamente con una delgada sábana blanca, que quito delicadamente dejando al descubierto tu bendita desnudez, inhalo tan profundo como puedo para llenarme de tu olor, y de ti.

Con la punta de los dedos toco suavemente tus pies, ahí es donde siempre inicia el recorrido, mis manos suben poco a poco por tus pantorrillas, puedo notar que te depilaste hace poco tiempo y para comprobarlo acaricio tus espinillas, y sonrío al confirmar mi suposición, más no me detengo y me impresiona la fortaleza de tus muslos blancos como la nieve y suaves como el algodón. Separo ligeramente tus piernas y puedo admirar la flor de tu cuerpo, acerco entonces mi rostro para robar su perfume mientras juego con el poco vello negro que contrasta con la blancura de tu piel. Me incorporo y descubro que me he enamorado de nuevo, siempre me pasa.

Cuidadosamente paso por tu vientre, para no quedar atrapado en la gravedad del agujero negro que lo adorna. Finalmente llego a tu pecho, y con ambas manos lo tomo y estrujo suavemente, envuelvo con mis dedos tus pezones que se erigen majestuosos, tan excitados como yo, acerco mi boca y con el ansía del recién nacido los chupo intentando saciar mis instintos más primitivos.

Levanto la cara y acaricio tus mejillas, beso tu cuello y tus suaves labios mientras juego con tu sedoso pelo que cae por debajo de tus hombros, mi mano recorre de nuevo tu cuerpo hasta llegar a tu pubis, mientras mi lengua juega con la tuya, mis dedos juegan con tu sexo y así continúo hasta terminar. Finalmente, me pongo los guantes para poder llegar al fondo de tu alma y si es posible, descubrir la causa de tu muerte.

15

Está noche es especial, hoy es su primer aniversario y quiere hacer algo diferente. Al principio pensó que no necesitaría salir a trabajar, pero su negro quiere ir a celebrar y con lo que ahorro en la semana, no le será suficiente. Sin embargo hoy puede darse el lujo de escoger, en realidad no necesita tanto, pero nunca se sabe, puede ser que al negrito le den ganas de emborracharse, o que quiera ir a bailar después de la cena y la gasolina no la regalan.

Camina como todos los días -excepto el jueves- hasta ese rincón lastimosamente iluminado por la lánguida luz amarilla que se desprende de la vieja lámpara del alumbrado público. Mira a su alrededor y piensa para si misma que tal vez no fue la mejor idea salir a trabajar tan temprano, claro que tiene sus ventajas, entre más temprano se empieza, los clientes suelen ser más jóvenes y con un poco de suerte hasta atractivos, inexpertos o vírgenes. Estos últimos son los mejores, siempre pagan, rara vez reclaman y muchas veces basta fingir un poco para que la cosa sea rápida, dinero fácil piensa. Claro que hay ocasiones en las que lo único que se puede levantar son los obreros apestosos que recién reciben su dinero llegan hasta acá buscando un poco de fantasía, para después salir corriendo a la cantina a contar a sus amigos las proezas que son capaces de realizar en la cama. Como cerdos comienzan a chillar intentando imitar lo que según ellos son los gemidos de placer que provocaron en la mujer que intentaron poseer, todo esto mientras se terminan el dinero que habría de servir para comprar la comida de la semana.

Han pasado treinta minutos desde que llegó y apenas se comienza a ver algo de vida en las calles. Enciende un cigarrillo y ve a un joven acercándose, con paso lento, titubeante, con la cabeza baja, a medida que se acerca sus pasos se hacen más cortos, ella no puede más que sonreír mientras piensa que está noche no podría ser mejor, dinero fácil dice en voz baja.

Finalmente el muchacho llega hasta ella, le dice su nombre y solicita sus servicios. Son quinientos pesos y la habitación también corre por tu cuenta Patricio, le dice ella con la frialdad que da la profesión. El asiente tímidamente con la cabeza, y comienza a caminar. Ella lo toma del brazo intentando calmar la tempestad interior del muchacho. ¿Cuántos años tendrá? Se pregunta mientras caminan al hotel, al tiempo que comienza a realizar un análisis minucioso del joven varón, tenis negros, pantalón de mezclilla a la cintura, una sudadera café con gorra y bolsa al frente que le permite esconder sus manos, el cabello largo y despeinado pero limpio, incluso alcanza a percibir un ligero toque de colonia que sale de su cuello. Mete su mano en la bolsa de la sudadera en busca de las de el, no puede dejar de notar que el chico se estremece y sonroja, acaricia lentamente su mano, la piel es suave, tersa, inmaculada, esboza una ligera sonrisa pues se da cuenta de que Patricio aprieta con fuerza sus manos para no entrelazar sus dedos con los de ella. No debe tener más de diecinueve años piensa, lo abraza y restriega su cuerpo lo mas que puede al de el mientras piensa que no podía tener un mejor regalo de aniversario que ese.

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Hoy es su cumpleaños número dieciocho y está decidido a que sea inolvidable. Desde que despertó a las seis con cuarenta y cinco de la mañana, se pregunta si algo ha cambiado. Se miro en el espejo esperando ver algo diferente, y no pudo ocultar su desánimo cuando vio el mismo rostro infantil de siempre. Perfectamente sabía que el simple hecho de alcanzar la mayoría de edad no haría que las cosas cambiaran como por arte de magia, sin embargo en su corazón albergaba la idea de que así podría ser.

Cuando tuvo que abandonar Buenos Aires hace tres años, lo único que lo hacía soportar cada día, era el pensamiento de que pronto alcanzaría la mayoría de edad y podría regresar a su hogar. Hoy que finalmente alcanzaba la meta, no pudo evitar hacer una especie de recuento de los daños, si bien fue muy difícil al principio aceptar su nueva vida, también es cierto que conforme pasaron los días logro adaptarse y se hizo de muy buenos amigos en el barrio y en la escuela los cuales a pesar de ser muy diferentes en su manera de ser y de pensar, coincidieron en el sobrenombre “El Che Araña”

Sin embargo el último año, en lo único que podía pensar era en “Ella” Desde el primer día que la vio se supo perdido. Por las noches repasaba su recuerdo una y otra vez, debería medir aproximadamente 1.75 metros, delgada, de largas piernas que parecían haber sido torneadas mediante la programación de un gamer, seguramente iba al gimnasio cuando menos tres veces por semana, esos hermosos brazos sin rastros de grasa reafirmaban está idea. Su hermosa piel blanca contrastaba perfectamente con su larga cabellera negra que caía delicadamente sobre sus hombros, sus ojos eran negros como deben ser las noches sin luna ni estrellas, profundos como los agujeros negros que deambulan por el universo absorbiendo todo a su paso; y su boca de un rojo tan intenso como la sangre enmarcada por esos labios tan suaves como deben ser los pétalos de las rosas del jardín del edén.

Todas las tardes –excepto la del jueves- caminaba hasta la calle donde ella vivía, la esperaba escondido en la esquina, con el corazón a punto de reventarle a causa de la ansiedad que le provocaba el ser descubierto. La seguía sigilosamente hasta llegar a su lugar de trabajo en donde la contemplaba impávido y extasiado, al tiempo que contaba cada uno de los cigarros que ella encendía mientras esperaba la llegada de los clientes del día. Cada que alguien la abordaba, el cerraba los ojos y comenzaba a pensar en voz baja que nadie podía llevársela, ella no era un objeto de esos de usar y tirar, pero como siempre sucedía ella terminaba caminando del brazo de cualquier desconocido hasta el mugroso hotel que estaba a dos cuadras de donde ella solía esperar la clientela. Con el alma destrozada, esperaba en la acera de enfrente a que salieran de ahí, y como siempre, no podía soportar la indiferencia de los tipos que recién haber tenido la oportunidad de tocar a un ángel, se fueran a emborrachar o a sus casas sin darse cuenta de lo cerca que estuvieron del nirvana. Para cuando ella salía del hotel, el ya estaba esperando en la misma acera, para seguirla de nuevo hasta su lugar de trabajo. Y así todos los días caminaba de regreso a su casa, soportando el dolor de verla con esos insípidos personajes, de saber que nada podría hacer que cambiara el curso de las cosas.

Pero a partir de hoy todo podría ser diferente. Está vez no será solo un espectador, hoy ha decidido ser el protagonista de la historia. El héroe o el villano, eso no lo sabe aún, las cosas jamás resultan tal como uno las piensa. Sin embargo no ha podido resistirse a elaborar un plan, a repasar mentalmente y frente al espejo las cosas que habrá de decir estando a su lado. Invirtió sus ahorros de cinco años en el regalo que esconde debajo de su cama desde hace dos semanas, esperando pacientemente a que le llegara la mayoría de edad para salir a la luz. Como todos los hombres que se enamoran de ese tipo de imposibles, el está seguro de que ella habrá de abandonar su estilo de vida para estar con el, para disfrutar de ese amor sincero que el puede ofrecerle cada día y dejar esos ratos de placer sin sentido que brinda a todo aquel que pueda con el precio.

Como todas las tardes desde el día siguiente en que la vio, camina hasta la calle donde ella vive y la sigue hasta su lugar de trabajo, le toma veinticinco minutos reunir el valor necesario para comenzar la comedia que ha ensayado durante tanto tiempo. Le da toda la vuelta a la calle rogando porque nadie más se acerque a solicitarla antes de su llegada, cuando finalmente dobla la esquina y logra verla siente que el corazón va a salírsele del pecho, le parece incluso que puede escuchar sus latidos acelerados, se agacha y comienza a respirar profundamente intentando encontrar apaciguar sus emociones sin conseguirlo. Pero ya no importa, no sabe como pero de pronto ya se encuentra caminando de su brazo, siente como sus manos se introducen en la bolsa de su sudadera y comienzan a tocar las suyas y no puede más que apretar con gran fuerza el regalo que habrá de darle más tarde. Se da cuenta de que ella deja de tocar sus manos y sus esperanzas se incrementan cuando ella aprieta con fuerza su cuerpo contra el suyo.

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El recepcionista como siempre sin voltear a ver a la pareja toma una llave cualquiera, y mientras hace el recorrido para entregarla mira el número impreso en el llavero y lo recita de manera automática, al tiempo que abre la palma de la mano y gruñe el precio a pagar. Suben lentamente las escaleras, comienza a notar el sudor en las manos de Patricio, lo mira de reojo hasta que el la ve de soslayo y le sonríe, buscando regresarle la tranquilidad que el pobre hombre dejo olvidada en su casa cuando salió a emprender está aventura.

Al llegar a la habitación el se queda parado con la llave en la mano, incapaz de abrir la puerta. No es sino hasta que ella toma su mano y empuja la llave en el cerrojo que el reacciona de nuevo. Entran al cuarto, ella camina hasta el buró que esta del lado izquierdo de la cama, deja su bolso y comienza a quitarse los aretes, lo mira por el espejo y puede ver como el rostro de Patricio comienza a llenarse de júbilo, finalmente reaccionas le dice mientras comienza a quitarse el vestido blanco que escogió para está noche, tratando de imaginar lo placentero que resultara el sexo que se dispone a tener. Esta noche se puede dar ciertos lujos, quizá un beso en la boca para variar un poco las cosas, tal vez dejarse llevar sin fingir para alargar este momento tanto como sea posible. Todo esto piensa mientras decide si quitarse o no los zapatos, a muchos clientes les gusta sobre todo a los jóvenes, demasiadas películas piensa para si y decide dejárselos, total si no le gustan que el mismo me los quite.

La mira extasiado, no puede dejar de pensar en lo hermosa y maravillosa que es la mujer con la que comparte la habitación. Observa con gran expectación como comienza a desprenderse de sus ropas y accesorios, hubiera preferido que se dejara los aretes se le verían hermosos con el regalo que el trae, pero no logra articular palabras. Sin pensar saca el dinero para cubrir por adelantado el pago que ella espera, camina hasta el tocador y lo coloca sobre el menú del restaurante del hotel, le pregunta si no desea ordenar nada y aún cuando no recibe respuesta de su parte no le importa, lo importante es no despertar sospechas que puedan hacer que el momento termine antes de lo previsto. No puede evitar su reflejo en el espejo y comienza a llenarse de una alegría indescriptible que ella nota y se lo hace saber. Cierra los ojos y repasa de nuevo mentalmente una a una las palabras que habrá de decirle en cualquier momento, los abre de nuevo y contempla maravillado la perfección de su espalda desnuda, de sus largas piernas vestidas elegantemente de negro para una ocasión tan especial.

Llega hasta la cama y se sienta a un lado de ella, mete la mano izquierda en la bolsa de la sudadera, pero no logra decir o hacer nada porque ella lo toma por el cuello y le da un gran beso que lo noquea instantáneamente, no puede hacer nada, se da cuenta de que ha caído en sus redes y que no será sino hasta que ella decida soltarlo, que podrá hacer algo, así que simplemente decide dejarse llevar hasta donde ella quiera.

No sabe que le paso, pero no tiene la menor importancia, en cuanto sintió que se sentó a su lado se lanzó sobre él como una leona sobre la presa enferma, comenzó a desvestirlo con la paciencia y prontitud de la madre amorosa sin darle tiempo de reaccionar, embistiéndolo una y otra vez como un huracán a la costa indefensa. Se había dicho que un beso no estaría mal sin embargo una vez que probo la ternura de sus labios no pudo detenerse, era como una especie de colibrí extrayendo el néctar de una joven flor. Desde que lo vio caminando hacía ella supo que está sería su primera vez, y contrario a lo que normalmente acostumbraba hacer con los primerizos, le estaba dando un trato especial, es un regalo por mi aniversario pensaba para si misma.

Así es como debe uno de sentirse cuando entra al paraíso pensaba mientras intentaba regresar a la normalidad su respiración, tomo su mano y la apretó contra su pecho al tiempo que de reojo contemplaba la perfección de su cuerpo desnudo. Así pasaron un par de minutos hasta que se levantó para recoger del suelo su sudadera, notó que ella lo miraba con cierta confusión y no pudo dejar de pensar que sus sueños se harían realidad ese día, ella estaba enamorada. Saco el estuche con el anillo que había comprado para declararle su amor, camino hasta el otro lado de la cama se sentó a la altura de su cintura y le estiro el anillo mientras recitaba la declaración aprendida de memoria desde hacía mas de dos semanas.

Se sorprendió bastante de la declaración de amor que estaba escuchando. Se preguntó si no se habría equivocado con el y no fuera la primera vez que hacían negocios. Involuntariamente estiro la mano y extendió el dedo para que el le colocara el anillo. La cabeza le daba vueltas, perfectamente sabía que en esa profesión hay cosas que jamás se deben permitir, y sin embargo ahí estaba escuchando la declaración de amor más cursi pronunciada jamás sobre la tierra y con un hermoso anillo en su anular izquierdo. Para cuando termino el discurso amatorio, ya estaba más serena y sabía que lo más sensato era romperle de manera cruel el corazón a Patricio pero no pudo, lo tomo entre sus brazos y lo beso de nuevo como la primera vez, lo llevó hasta lugares que ni ella misma conocía. Al final, bastaron solo un par de minutos para dejarlo exhausto, dormido y solo en la habitación.

Cuando despertó se sintió tan solo y vacio, así como deben sentirse las estrellas en el firmamento, brillantes y hermosas, pero solas. Busco en todas partes alguna nota que explicara su salida repentina, vio el estuche en el tocador y corrió hasta el con la desesperación del suicida, lo abrió y vio el brillante anillo burlándose de su desgracia. Mientras se vestía, su tristeza se iba transformando en ira y antes de salir miro en el espejo su rostro enrojecido. La suerte estaba echada.

No obstante el tiempo que le tomo agotar a Patricio, logró llegar a tiempo a la cita que tenía programada con su negrito, y se encaminaron al restaurante que el había elegido para celebrar un día tan especial. Llegaron poco antes de las nueve de la noche, se sentaron y ordenaron una botella de vino tinto para acompañar los cortes de carne que ordenaron al mesero. No podía dejar de pensar en Patricio, sabía que era sobre todo por lo curioso del caso, sin embargo no estaba segura de que haberlo dejado solo y sin respuestas hubiera sido lo mejor, aunque pensándolo bien igual y quedaron a mano, finalmente ella le brindo un par de servicios al precio de uno.

Sabía donde encontrarla, y a cada paso que daba su ira se incrementaba. Al principio se le ocurrió que si no era para el, entonces no podía ser para nadie, pero conforme pasaba el tiempo, el sentimiento iba cambiando. No lograba entender porque lo había rechazado y no lograba dejar de pensar en la ingratitud de esa hermosa mujer, por más que le hubiese roto el corazón hubiera preferido que le dijera simplemente que no, y que lo hubiesse dejado abandonado como un animal que ya no se quiere y ha comenzado a estorbar en la casa.

Tal vez nunca logré saber que fue lo que paso en realidad, únicamente ha logrado recordar pequeños fragmentos de la historia, recuerda un cuchillo con mango de madera para carne y un vestido blanco tiñéndose de rojo, los gritos de la gente y a un tipo negro huyendo despavorido de la escena. Como sea eso ya no importa han pasado más de tres años y mientras contempla el suave correr del río de la Plata, piensa para si mismo que la herida al parecer ha cerrado por completo.

14

Se sentó en la orilla de la cama, frente al espejo que estaba iluminado por la tenue luz de la luna de agosto que se colaba por la ventana de su habitación. Con los ojos cerrados y agachada, repasó de nuevo la conversación de hacía un rato. Aún cuando muchas otras veces habían terminado así, está vez se sentía diferente, de ahí que no pudiera dejar de repasar los diálogos, pensó en un mal actor que a fuerza de leer una y otra vez el libreto, cree que podrá hacer mejor su presentación. Levanto la cara, abrió los ojos y buscó en el espejo la respuesta que de antemano sabía no habría de llegar. La poca luz que iluminaba la habitación no le permitía ver claramente su reflejo, sonrió y pudo observar como sus ojos se llenaban de un pequeño brillo que suponía perdido.

No lograba poner en orden sus ideas, para ella el adiós siempre la llenaba de lágrimas, dolor, pena e insomnio. El viento que parecía interesado en conocer el final de su historia, intentaba esconderse tras la cortina de la ventana sin conseguirlo, las agitaba de tal forma que con los cambios de luz, parecía que su rostro cambiaba en el espejo, y se mostraba siempre diferente, “Nunca más” pensó, y se imagino al cuervo parado encima del espejo. Dejó sobre la cama la caja de pañuelos que cargo consigo pensando que seguramente los iba a necesitar más tarde.

Pensó en su relación, en su pareja. Desde el principio sabía que su historia no tendría un final feliz, pero decidió darse la oportunidad. Creía que podía disfrutar de cada momento sin caer en la tentación del romance. Hacer los sentimientos a un lado y dejarse llevar por las circunstancias, dejar que los días se acumularan y pasaran uno a uno de la mano de la felicidad que sentía.

Pero es bien sabido que un hombre y una mujer jamás podrán ser solo amigos, y así, el día menos pensado se sorprendió diciéndole “te quiero”, como quien dice hola o buenos días. No importaba que no hubiese respuesta, no la esperaba de cualquier manera. No, el problema era haberse dado cuenta de que comenzaba a sentir, a planear, a soñar con lo que pudiera ser, a dejar de decir tú o yo, para decir nosotros, a llenar de recordatorios la agenda después del primer te quiero, el primer beso, la primer película. Sabía que el problema era el primer te quiero, después de eso ya nunca hay control, se vuelve una especie de tic nervioso y empezamos a decir te quiero involuntariamente y para todo.

Volteó hacia la ventana, miro la enorme luna que parecía en cualquier momento entraría para sentarse a su lado a iluminar su habitación, como tantas veces estando con él. Sus pensamientos la trajeron de vuelta. No era la primera vez que peleaban de esa forma, había perdido la cuenta de todas las veces que dijeron adiós para estar de nuevo juntos al otro día. La mayoría de las ocasiones la que decidía abandonar el barco era ella, mujer al fin, en ocasiones no estaba conforme con el estado que guardaban las cosas, un día quería más y al otro nada; podía despertar a su lado queriéndolo mas que a nadie en el mundo y al momento de saltar de la cama aborrecerlo como a su peor enemigo. Sin embargo, las lágrimas derramadas eran el mejor testigo de que ella siempre recibía su castigo, finalmente no se puede ser tan impulsiva, tener tantos arranques sin pagar un precio por ello.

Pero está vez era diferente.

Está vez ella no fue la que decidió terminar, decir adiós. Esa era quizá la causa de su calma. Ahora no sería ella la que cargara con el remordimiento de todo lo que pudo haber sido. No tendría que culparse por todos esos momentos que ya no habrían de ser. Podría dormir tranquila sin tener que escuchar las risas de los niños jugando en el jardín de la casa que nunca compartirían. Esta vez no tendría ese mal sabor de boca producido por los besos que nunca llegarían, no sentiría ese frío intenso en la espalda provocado por el vacío en su cama, no tendría esa piedra en el zapato molestándole a cada instante.

Se dio cuenta de todo esto y sonrió. Se miro en el espejo y la extraña combinación de luz y sombras le hacían ver una persona diferente, la sonrisa inicial se convirtió en grandes carcajadas que la hicieron tumbarse en la cama. Esa euforia fue tan grande y prolongada, que provocó que una lágrima se escapara de su ojo izquierdo, al sentirla deslizándose por su mejilla se incorporó, a tientas consiguió sacar un pañuelo de la caja que tenía a su lado, secó su rostro y al levantar la mirada se sintió orgullosa de la imagen que le era devuelta. Se sintió tan fuerte, tan segura, nada podría hacerle daño a partir de hoy, y no obstante que sabía que probablemente para la tarde estaría de nuevo en sus brazos, también sabía que las cosas serían diferentes. Era una mujer, mas madura, mas completa.

Antes de levantarse de la cama miró de nueva cuenta su rostro en el espejo, la imagen no había cambiado, no había sido algo pasajero o momentáneo, está mujer que miraba en el espejo había decidido quedarse, sabedora de esto, hizo una pequeña mueca de satisfacción, lanzo un intenso suspiro y mientras se levantaba de la cama dijo en voz alta “Nunca más”.

13

Todavía recuerdo la primera vez que lo vi, tan blanco, tan irreal, corriendo como loco porque se le acababa el tiempo.

Al principio pensé que estaba loco, pero la curiosidad (que dicho sea de paso ojala algún día mate al miserable gato que se aparece de vez en cuando y no me deja dormir) me hizo seguirlo hasta su guarida, la cual estaba repleta de cenzontles que cantaban sin sentido. Luciérnagas iluminando la noche silbando incesantes y caóticas melodías. Elefantes azules que tocan el mejor jazz del mundo. Ballenas que con su música te hacen olvidar todos tus problemas. Enormes Leones que controlan a todas las criaturas del lugar.

Desde entonces comencé a ir con el conejo cada que se aparecía, y siempre era diferente.

Sin embargo las cosas cambiaron mucho a partir de que empezamos a visitar la luna que ilumina el cielo morado, a ver al viejo conejo sabio que ahí vive. Al principio pensé que era un juego más, ¿Cómo habría yo de poder matar a un diablo? pero, ¿Quién en su sano juicio se puede negar a entrenar con espadas y arcos? ¿Cómo dejar pasar la oportunidad de aprender algunos trucos de magia?

Así que aquí estoy, metido hasta el fondo de las apestosas y oscuras catacumbas, en busca del Diablo que en ellas vive. Claro que no es la primera vez que alguien intenta destruirlo, es mas, algunos han tenido éxito, sin embargo, la tentación los convirtió en sucesores de aquel que eliminaron.

Yo solo espero poder salir victorioso de esta extraña misión, quizá si logro vencer al maligno sin convertirme en el mismo, esos dos conejos blancos que me metieron en esto, dejen venir a mis amigos a verme mas seguido, y no solo una vez cada mes, como siempre de nueve a una.

12

De que sirvieron los días de sacrificio. Levantarme temprano, ir a la escuela sin rezongar, hacer siempre lo correcto por mas aburrido que fuese, deje de fumar y que dios me perdone, pero no probé ni gota de alcohol durante este tiempo.

Desde que supe que finalmente saldría al mercado ese juego, supe que solo lo obtendría portándome bien para que Santa lo dejara muy bonito en mi zapato derecho.

Los primeros días fueron los más difíciles, con una reputación que cuidar en la colonia y la escuela ese papelito de niño bueno para nada ayudaba. Deje de salir para evitar problemas, saque buenas calificaciones, incluso llegue a presentar mis tareas. Así, ayer al anochecer, me sentí como un maratonista que llega a la meta.

Sé que no estuvo bien que esperara escondido la llegada del regalo pero tenia que estar seguro. Total que ahí estoy yo de pendejo dejando de hacer lo que me gusta para obtener el regalo, y resulta que el pinché panzón saca del costal nada más un carrito de control remoto y una bolsa de dulces para mi carnal, de inmediato lo pare y le dije –Se te olvida algo ¿no?- y que me dice el muy cabrón –¿No te parece que ya estas grandecito como para que te traiga regalos?

En ese momento perdí el control y le solté el primer madrazo, fue maravilloso ver sus 200 kilos cayendo sin control al suelo, y para su mala suerte que cae encima del carro de mi carnal que bajaba las escaleras en ese momento. Error fatal. Entre los dos le pusimos la madriza de su vida, y si ya se, a lo mejor el año que entra tampoco nos trae regalos, pero no importa, ya estamos cazando a los pinches maguitos esos que también traen regalos.

11

¿Qué otra cosa podía hacer licenciado?

Usted puede preguntarle a quien sea en el pueblo y todos le dirán que yo soy la persona más tranquila que hay. Voy a misa cada domingo, todos los días cuando me levanto y antes de dormir, agradezco a Dios por todas las bondades que ha derramado sobre mí y sobre mi familia. He tratado de conducirme siempre por el camino correcto, nunca les he faltado a mis semejantes, trabajo muy duro para llevar el pan a la mesa, para darles lo necesario.

No vaya usted a pensar que me estoy queriendo hacer pasar por santo para evitar mi castigo, de ninguna manera, se que lo que acabo de hacer estuvo mal y que tengo que pagar por eso, pero todo esto se lo digo para que se de una idea de cómo estuvieron las cosas y pueda tener un mejor juicio. Mire usted, la Lupe y yo tenemos mas de treinta años de casados, 4 hijos y 2 nietos. En todo este tiempo nunca le he sido infiel, y no es que no haya tenido oportunidad, pero siempre me detuvo el amor que le tengo a la condenada. Jamás le ha dado un golpe, es más ni siquiera le grito porque ni que fuera un animalito que no entiende lo que uno le esta diciendo.

No sabe usted la pena que me da con mi compadre Macario, el otro día hasta le mente la madre porque me dijo que mi Lupe me estaba haciendo de chivo los tamales, ese día si me enoje mucho, y ahora me arrepiento de haberle faltado al respeto a mi compadre, porque dígame licenciado, que haría usted si un día se le descompone una máquina y al regresar a su casa mas temprano porque no puede seguir trabajando, se encuentra a su mujer haciendo eso que se supone solo debe hacer con usted por las noches, y además si a eso le agrega que la muy cabrona esta pegando unos gritos como si la estuvieran matando, y todavía la muy cínica cuando se da cuenta que esta usted viendo toda la escena le sale con la pendejada de que no es lo que estás pensando mi amor. Yo creo que ahí fue cuando ya no aguante más y les metí un plomazo a cada uno, se que no esta bien licenciado pero que hubiera hecho usted si su mujer, encima de que lo esta haciendo pendejo todavía le dice mi amor la muy piruja.

10

La gente no entiende lo que pasa con mi vida, no pueden aceptar que las cosas sean como son ahora que vivo con ella. Es cierto que es mas joven que yo, pero que son 17 años de diferencia para un corazón que se pensaba marchito como el mío. Debo reconocer que a causa de ella mi familia ha dejado de visitarme con la frecuencia que lo hacía, intento entender su molestia, pero ellos no tratan de entender mi felicidad. Mis vecinos ya no me saludan como antes, claro que esto puede ser porque de pronto las paredes de las casas donde vivimos no son lo suficientemente gruesas para evitar que se oigan las discusiones que tenemos Laura y yo por sus celos absurdos. Mi coche también ha sufrido con esta relación, aunque es el único que no se ha quejado.

Pensándolo un poco más, tal vez todos tengan razón, pero en mi defensa debo decir que nunca he sabido estar solo, sin mujer quiero decir. Y además a mi edad no se deben dejar de largo este tipo de oportunidades. Es cierto, de pronto los días se me hacen cada vez más pesados, mi caminar se ha vuelto más lento, y mis amigos cada vez son menos. En ocasiones he llegado a pensar que no vale la pena sacrificar tanto por una mujer, pero al llegar la noche y sentir el calor de su piel, nada más importa, y cuando me levantó en las mañanas no puedo más que pensar que aunque nadie lo crea, soy un viejito bastante suertudo.

09

Tan puntual como siempre suena el despertador. Son las 7:15 de la mañana y repasas mentalmente, sin abrir los ojos, cada parte de tu cuerpo. Lo que más te preocupa es que la cabeza no comience a darte vueltas sin parar, porque eso puede hacer que se desencadenen todos los males, y nunca es agradable cantar abrazado del sanitario. Abres los ojos, piensas en la falta que le hace al techo una buena mano de pintura, miras de reojo a la ventana, la luz del sol se filtra insolente, violenta, fijas tu atención de nueva cuenta en el techo, miras el foco de 60 watts color pastel que cambiaste el lunes pasado, te das cuenta que no es cierto eso de que le da color a la habitación, te preguntas si en realidad ahorrara energía como decía en el empaque, eso te lleva a pensar en el calentamiento global y de ahí llegas a las revelaciones y el fin de los días. Sonríes porque te has dado cuenta que ya llevas demasiadas ideas procesadas y la cabeza aún no comienza a inflamarse, a querer reventar.

Te sientas en la orilla de la cama, sin levantar la cabeza, todavía tienes miedo de que te vaya a jugar una mala pasada y se colapse de la nada. En ese momento regresas el tiempo, casi como un detective privado que intenta reconstruir la escena del crimen. Sabes que fue demasiado alcohol el que ingeriste porque no recuerdas cuantos tequilas te tomaste, ese es el mejor indicio de que fue una gran borrachera. Ahora lo que sigue, evocas los detalles de la reunión, las pláticas, las cosas que dijiste, las que escuchaste, te detienes un segundo a tratar de recordar si alguien hizo el ridículo incluido tú. Al parecer no hay nada que lamentar, te acuerdas de todo, incluso de que antes de dormir decidiste darte un baño porque seguramente te despertarías queriendo mejor morir y no te daría tiempo de bañarte.

Miras el reloj, son las 7:30, al parecer no habrá secuelas, pero sabes que aún no puedes cantar victoria. Levantas la vista hacia la puerta del baño, de pronto se ve tan lejos, tan inaccesible. Con un gran esfuerzo te incorporas y comienzas el recorrido hacia el baño, esos cinco pasos que ahora parecen cinco kilómetros. Si no estuvieras tan desvelado tal vez hasta hubieras levantado los brazos al llegar al baño, festejando la llegada a la meta. Te miras en el espejo, sonríes de nuevo al ver tu reflejo, los cabellos sin orden, la cara hinchada, los ojos con unas hermosas bolsas negras que guardan todas las horas de sueño que tienen pendientes. Abres la llave del agua, pasas tu mano derecha por tu cara buscando trazas de barba o bigote, suspiras aliviado al no encontrar nada, hoy no es un buen día para tener una navaja cerca de la cara. Tomas agua con ambas manos y te agachas para enjuagarte la cara. Es justo en ese momento cuando sientes una ligera punzada en la cabeza que hace que todos tus miedos se vuelvan contra ti. Te quedas quieto esperando que esa sensación se aleje de ti, seguramente fue provocada por el movimiento brusco que realizaste al enjuagarte la cara. Tomas un poco más de agua y terminas de enjuagarte la cara, sin incorporarte tomas el cepillo de dientes y la pasta, comienzas a lavarte la boca, es horrible el sabor de la pasta combinado con los sabores que te cargas de la noche anterior. Terminas y te incorporas lo más lento que puedes, te miras en el espejo y tomas una plasta de gel que te embarras en los cabellos, y te peinas muy despacio.

Son las 7:45, lo sabes porque se te olvido quitar el recordatorio de treinta minutos que tienes programado en el reloj y ha comenzado a sonar el muy insolente. Sales al cuarto y lo apagas. Hoy afortunadamente es viernes y te puedes poner cualquier cosa, como sea hoy el uso del uniforme no es obligatorio en la oficina. Un pantalón de mezclilla y una camisa azul marino de manga larga son la elección perfecta. Te sientas de nueva cuenta en la cama y te vas sintiendo cada vez mas contento, al parecer hoy no habrá que pagar el precio de la enorme borrachera, la cruda se ve cada vez más lejana. En eso estás pensando mientras metes tus pies en los zapatos, y con la confianza de la victoria, te agachas a amarrarte los zapatos y en ese momento sucede, como avalancha se deja venir sobre de ti todo el dolor de la noche anterior, cierras los ojos intentando alejarte del dolor, te levantas lentamente aún cuando sabes que no tiene sentido. Te acuestas para poder abrir el cajón donde guardas las aspirinas para este tipo de contingencias, tomas el frasco y te dan ganas de llorar cuando te das cuenta que esta vació, te ríes como loco mientras piensas que será un largo día.

08

Ya casi tengo 50 años y haciendo un recuento de mi vida puedo decir que nunca fui rebelde, ni siquiera en mis años de adolescencia, siempre respete y obedecí a mis padres, nunca me he emborrachado, jamás le he faltado al respeto a mi esposa, nunca le he sido infiel, ni siquiera se lo que es tener un sueño pecaminoso. No puedo quejarme, he llevado una buena vida, mis hijos están por salir al extranjero a continuar con sus estudios, mi esposa conserva la belleza de su juventud y es la mujer mas abnegada que conozco. Yo gozo de buena salud, tengo un empleo que nos permite vivir cómodamente, en general he tenido éxito en todo lo que me he propuesto a lo largo de mi vida. Creo que puedo decir que soy una buena persona.

Sin embargo hace tiempo que una idea revolotea en mi cabeza cual abeja en un pan embarrado de miel. Quiero hacer algo importante, algo por lo que se recuerde mi estancia en este mundo. De todo esto he obtenido conclusiones interesantes, por ejemplo, nunca he sido bueno en el arte, no se diferenciar entre las distintas tendencias o bien entre una pintura u otra, a mi simplemente me gusta o no tal o cual cosa y eso es todo. Tampoco toco ningún instrumento musical y canto tan mal que esa es la única cosa que me tiene prohibido hacer mi esposa en su presencia. A pesar de que muchos años hice deporte en la escuela, nunca sobresalí en ninguna disciplina. Incluso estuve en el ejército, pero hubo muchas cosas que no me gustaron y decidí dejarlo al terminar mi servicio. He analizado detalladamente muchas opciones, pero no estoy apto para ninguna de ellas, muchas veces porque son cosas que nunca he hecho, o bien porque soy muy malo haciéndolas, y si a eso le sumamos mis casi 50 años, la cosa empeora bastante.

Hace un par de semanas sin embargo cuando me dirigía al trabajo, en la radio estaban dando una noticia que resolvió mi dilema:

Hoy se encontró el cuerpo sin vida de Marciano Heriberto Schemar Riojas, con el ya son 5 las victimas del asesino que ha sido bautizado como “la muerte rosa” toda vez que la característica en común que presentan las victimas es que se trata de homosexuales asesinados en la Zona Rosa de la Ciudad de México. El gerente del hotel…

Por supuesto que no iba yo a dedicarme a matar Homosexuales o Lesbianas, o personas de tal o cual grupo determinado. No, lo que yo hiciera tendría que ser mas grande, algo que no tuviera comparación, algo para ser recordado por muchos años. Un hecho que dentro de muchos años se contara incluso como leyenda, una de esas historias que te cuentan tus abuelos y que por supuesto tú nunca crees.

De inmediato pensé en aquella mujer. Ella sería el mártir perfecto, mi entrada a los anales de la historia. Ixtab creo que es su nombre, muy raro desde mi punto de vista. Ya tiene varios años predicando todas esas cosas acerca del amor y del fin de los días, no es que me interesen las tonterías que dice, pero tiene demasiados seguidores no solo aquí, sino en varias partes del mundo. Es uno de esos personajes que surgen cada cierto tiempo queriendo cambiar al mundo y siempre es al revés, el mundo termina con ellos. Yo fui a una de sus conferencias, la verdad es que si son entretenidas, sin embargo hay algo que no me acaba de convencer acerca de ella, cuando la veo invariablemente recuerdo aquellos predicadores que provocaron grandes suicidios colectivos, me asusta. No es que ande buscando un pretexto para hacerla el blanco perfecto, pero la verdad si me asusta.

Ya tengo todo más o menos calculado. Ella se va a presentar en el teatro del pueblo el próximo día veinte, ese lugar es el más indicado para llevar a cabo la tarea planeada, hay cuatro o cinco edificios antiguos que tienen una excelente vista a la entrada del teatro. A la hora que salga de su conferencia, la gente que quiere estar cerca de ella para tomarse una foto o recibir un autógrafo, retrasará su caminar, lo que me dará el tiempo suficiente para conseguir un tiro certero. En un principio pensé en disparar al corazón, matar el corazón del falso profeta pensaba, pero creo que eso conlleva cierto riesgo, porque pudiera ser que el tiro no fuera lo suficientemente bueno como para reventarle el corazón, o que tal que como pasa en las películas ella cargue consigo una placa, reloj, libro, insignia reliquia o cualquier otra cosa que desvíe el disparo y no muera. No, lo mejor es disparar a la cabeza. Desde que decidí llevar a cabo todo esto, llevo varios días soñando con el día en que lo llevaré a cabo. Serán aproximadamente las 7 de la noche, las puertas se abrirán y ella saldrá acompañada de sus dos guardaespaldas, la gente poco a poco se arremolinara junto a ella, de tal modo que no podrá dejar de tomarse algunas fotos, ni de firmar varios autógrafos. Después de esto, ella levantara las manos como siempre lo hace, agradeciendo a la multitud y recordándoles que el final está cerca. Justo en ese momento jalaré del gatillo. La sangre que brote del lado derecho de su cabeza manchara una de las puertas, los escalones y algunos de sus seguidores. El tiro será tan preciso que aún cuando la bala atravesará el cráneo, nadie más saldrá herido, puesto que la bala se incrustará en una de las hojas de la enorme puerta de madera del teatro. Hasta he llegado a pensar que con un poco de suerte, justo antes de jalar el gatillo, ella podrá ver el reflejo de la luna en la mira telescópica, será su luz al final del túnel.

El alboroto de la gente me dará los minutos necesarios para abandonar la escena.

Cuando llegue a casa, serán aproximadamente las 8:15 de la noche. Besaré a mi mujer como todos los días, saludaré a mis hijos mientras les pregunto que hay de nuevo, al tiempo en que empiezo a tomar un poco de agua. Para ese entonces quizá ellos ya sepan lo que paso y me contaran asombrados toda la historia, me darán los detalles que ya conozco, y conversaremos acerca de ello mientras cenamos escuchando el noticiero. Como todos los días, leeré un par de hojas del libro en turno, por ser jueves haré el amor con mi mujer antes de dormir, rezaré las oraciones que mis padres me enseñaron, pediré al señor por mi familia y la paz de mi alma y me dormiré tranquilamente.

Así transcurrirá mi vida, sin prisas ni sobresaltos. Los años que me queden de vida los consagraré a hacer feliz a mi mujer. Agradeceré al cielo los nietos que mis hijos tengan a bien darme, tendré una vejez placentera y llegado el momento moriré, tal como debe de ser, y seguramente me iré al cielo, a fin de cuentas siempre he sido una buena persona.

07

No era la más hermosa, pero lo volvía loco. Era una obra de arte que solo él entendía. Se enamoró perdidamente desde el primer momento, pero nunca tuvo siquiera el valor suficiente para sentarse a su lado. Una noche que veía una película de muertos vivientes en compañía del único amigo que tenía, se le ocurrió aquello de aprender a revivir muertos, así podría tenerla a ella.

Tener que matarla primero no le incomodaba, de cualquier modo la iba a revivir ¿O no? Con este pensamiento abandono todas las comodidades y se lanzó a la búsqueda del anhelado conocimiento. Una vez aprendido, su primer experimento lo realizó con el único amigo que tenia.

- Si funciona con mi perro funcionara con ella – y funciono.

Le quitó la vida en un callejón oscuro, sin golpes, sin dolor, sin sangre. Realizó el embrujo de resurrección ahí mismo, y como le enseñaron dejó solo el cuerpo sin vida para que despertara cuando tuviera que hacerlo.

Esa Noche al tiempo que preparaba la cena, se iba sintiendo más satisfecho de lo que había logrado. Colocó un candelero en el centro de la mesa y se miró en medio de uno de los rituales vudú a los que asistió tantas veces. Siempre supo que todo valdría la pena el día que alcanzara a tener una parte del poder de Dios.

- Levántate y anda - dijo entre risas.

Estaba dormido cuando llegó,

- Lucia - dijo entre suspiros.

Lucía, semidesnuda, con el pecho y abdomen abiertos, sin parte de la piel, sin sus hermosos ojos negros, sin corazón, escurriendo por todos lados, estiraba los brazos para alcanzarlo, el perro muerto igual que ella, intentaba arrancar los músculos expuestos de su pantorrilla. El vomitando por toda la casa gritaba como loco.

- Maldita donación de órganos…

06

Una extraña sensación la recorría, hacía apenas unas horas había matado a la pareja traidora, la sensación era una mezcla singular, alegría, pena, alivio, coraje, tristeza. Hacía ya varias semanas sospechaba la engañaban, al confirmarlo las lágrimas inundaron las negras horas nocturnas. Mientras lloraba, analizaba cada detalle, buscaba respuestas, necesitaba algún culpable para descargar la ira acumulada.

Al final, matar había resultado tan fácil.

Estaban abrazados tomando la siesta, la carne desnuda, las caras satisfechas, incrementaron la furia, la indignación. Para empezar atacó a Walter, una herida profunda bastó para matarle, Mónica una muñequita plástica, nada podía hacer, incrédula miraba a Karla apuñalarla frenéticamente. Así era castigada la traición. Salió a la calle, dejando atrás toda la angustia, satisfecha al haber logrado vengarse.

Clásica mexicana, católica, fanática, sabía la condena para la falta cometida, las llamas infernales la esperaban para castigarla eternamente. Acudió a confesarse, quizás así lograría acortar la condena. Salió a la calle, caminó hasta llegar a la edificación más alta.

Mientras subía la escalera, buscaba arrepentirse para evitar la hoguera infernal. Buscaba alguna razón para hacerlo, nada encontraba.

La brisa matutina llevaba las fragancias mundanas hasta Karla, ella creaba imágenes al azar para cada una, las margaritas, azucenas, desayunos calientes, pan horneado, café, atole, una estampa hermosa, para una ciudad cualquiera.

Caminó hasta la esquina para observar completa la ciudad, alcanzaba a mirar la catedral, escuchaba repicar alegres las campanas, la ciudad aparentaba calma, a causa de las vacaciones, aún así las calles estaban atestadas, las personas caminando rápidamente para llegar a realizar las labores diarias, apresuradas para llegar a ninguna parte, parecían pequeñas hormigas desordenadas intentando escapar.

Inhaló profundamente, mientras caminaba hasta la parte más alta, lanzo una última mirada al paisaje mientras entonaba una canción aprendida años atrás. “Matar era tan fácil” pensaba mientras saltó.

05

“Hay días en que el regreso a la vida es penoso y angustioso” eso lo leíste en alguna parte seguro, y hoy indudablemente aplica. Son las seis de la mañana y ya estás listo para iniciar la jornada. Un café y pan, el desayuno de los campeones. Sales corriendo y tienes suerte de que el camión tenga asientos disponibles, se podría hacer de tu día una crónica como la de “Santiago” el día de su muerte. Antes de abrir el libro miras por la ventana y ves a un hombre como de 45 años justo en el momento que abandona el hotel, abrazado de una niña, “incluso la moral es cuestión de tiempo” piensas, si lo hubieras visto más adelante pensarías que es su nieta, como sea no importa.
Finalmente caes en la lectura, cual si fueras “Alicia” por el agujero, intentando llegar al “centro de la tierra” mirando todo a “través del espejo” como en un “viaje a la luna”. Que tedioso sería recorrer el mismo camino todos los días, rostros conocidos, fachadas grises, en cambio, gracias a la lectura, has podido conocer a la señora “K”, alguna vez le ayudaste a resolver un caso al señor “Holmes”, aunque tuviste insomnio después por temor a Eso, pero eso no te ha impedido continuar con la labor encomendada: “desfacer fuerzas y socorrer a los miserables”.
Finalmente llegas a tu destino, pero no lograste terminar el capitulo así que caminas las calles que te faltan con libro en mano, para poder terminar esa parte de la historia, y de pronto sientes el golpe, el libro se cae de tus manos y cuando estas a punto de maldecir al imprudente, levantas la cara y ves a una mujer encantadora, le sonríes mientras piensas para tus adentros “No hay casualidades sino destinos”

04

La tomo de la mano y comenzaron a caminar, por el jardín, como cada jueves, bueno no todos, nada mas el primero y el último de cada mes. Hacía ya algún tiempo que estaba preparando la despedida, pero no sabía cual discurso sería el mas apropiado, “no eres tu, soy yo” “creo que sería bueno darnos un tiempo para pensar y hacer crecer nuestra relación” “¿no te da la impresión como de que nuestra relación se ha vuelto aburrida? creo que sería buena idea conocer a alguien mas” Todo esto pensaba mientras ella hablada de sus cosas, de vez en cuando el movía la cabeza para asentir o negar alguna de las oraciones que no había escuchado. Se dio cuenta de que había terminado el soliloquio, este es el momento –pensó- en su mente se agolparon las palabras, sin embargo no lograron escapar de su prisión, quizá porque en el fondo, el sabía que no tenían sentido.

Habían atravesado el jardín, y regresaban al punto de partida. Antes de despedirse la miró a los ojos, negros y oscuros como debe ser el fondo de un abismo. El viento comenzó a jugar con su larga cabellera, se acerco lentamente, le dio un beso en la mejilla y la abrazó, ella sonrió, con la mirada perdida en sus recuerdos, era tan hermosa, “mas guapa que cualquiera” le dijo tantas veces. Finalmente, y como casi siempre, se acerco la enfermera puso la mano en su hombro y dijo: “Se termino la visita joven”

Como siempre no quedo más remedio que verla partir, comenzar a pensar en la próxima vez. Sonrió y pensó en esa pregunta que se podía formular en los dos sentidos ¿En que momento perdió la razón o porque? No lo sabía, y en realidad no importaba, y ahora una vez mas, se dijo que esta vez sería la última, no tenía motivos para regresar a ver a esa hermosa desconocida, que visitaba sin saber quien era desde hacía ya varios años, como siempre todos los jueves, bueno no todos, nada mas el primero y último de cada mes.

03

Tras esa cárcava estaba el último cuartel enemigo. Meditabundo, el Capitán se preguntaba si podría emborucar al enemigo como lo había hecho otras veces. Su ejército se redujo de manera significativa en la última batalla, no quedaba prácticamente nada de parque y lo más probable era que el enemigo tuviese cuando menos el doble de soldados que él. Apretó con fuerza el reloj con el minutero que siempre marcaba las doce, aquel que le salvo la vida cuando recién empezó la guerra. Necesitaban un milagro para ganar, quizá si tuvieran el apoyo aéreo de las libélulas asesinas pensó, sin embargo, él sabía que los aviones estaban lejos de ahí librando otra batalla. Miro a su alrededor, sus soldados esperaban inermes la siguiente orden, se miraban agotados y con frío, llevaban varios días sin dormir y comiendo únicamente lo que la naturaleza les ofrecía. Recordó su pueblo y se sintió tan solo, se miro en la confitería de su escuela, le pareció reconocer los olores de su infancia, los chilaquiles verdes que preparaba su madre. Dejo de pensar en eso, tenía que pensar en la mejor manera de atacar, miro la nieve y pensó que el río que cruzaba por ahí se debió ver como sus botas después de darles crema, como un espejo en el que a nadie le interesa mirarse. Después de explicar con gran lucidez el plan a sus soldados, se miro las manos como quien a través de la quiromancia intenta descubrir el futuro. Dio el último discurso, se sintió como el productor de teatro que cree estar a punto de financiar la obra más grande de todos los tiempos, se paro al frente de la caravana, y tras lanzar un gran grito, comenzó a correr hacia donde él había deducido encontraría el final de su camino.

02

La caravana salió al amanecer de la ciudad, la abandonaba, dejándola satisfecha después de las noches tan intensas que pasaron juntos. Mientras disfrutaba de su desayuno de microondas, chilaquiles con crema, huevos estrellados y frijoles, el productor se pregunto si todavía tenía algún sentido seguir andando los caminos, sobra decir que no era por atacar la tristeza de la gente que lo seguía haciendo, eso era lo que menos importaba. El dinero, la aventura, la emoción, el poder conocer nuevos lugares… No, el sabia que en algún momento simplemente perdió su lucidez, y decidió seguir ese camino, como aquellos que creen en la quiromancia y se creen todo lo que la gitana les dice que ve en sus manos. Se quedo meditabundo después de tanta reflexión, no era la primera vez, claro está, que estas cosas le revoloteaban como libélulas inquietas y ruidosas por el pensamiento, sin embargo en esa ciudad de la que se alejaba lentamente, estaba la razón por la cual se abandono a esa vida de nómada. Inerme ante tal afirmación, la recordó tan hermosa como era, detrás del mostrador de la confitería, era un milagro de la creación, y tal vez el espejo de su alma, pero de nada sirvieron las flores, y los poemas, pocas veces pueden ganarle a las joyas y relojes con minutero de oro, aunque se piense a veces otra cosa. Con esa deducción a cuestas, se tiro en el desvencijado catre, en el que apenas cabía recostado de lado, y que estando vacio, parecía una cárcava que alguna vez albergo un pequeño rio sin origen ni destino. Hay ciertas cosas que nunca se olvidan, y no queda más que tratar de emborucar el pensamiento, distraerlo con otras cosas, como dicen “el show debe continuar”.

16.4.08

01

Son las siete de la mañana, el teléfono celular comienza a reproducir la vocecita de elmo diciendo “elmo dice que cuando estés dormido te va a cargar la ver…” sonaba tan gracioso cuando lo oíste por primera vez, y sin embargo ahora después de tanto tiempo de tenerlo, y sobre todo los lunes, te dan ganas de lanzar el teléfono contra la pared mas cercana, pero recuerdas los tantos cientos de pesos que pagaste por el, y te detienes, tal vez aprietas un poco mas fuerte el botón con el que se desactiva la alarma, a manera de venganza, de castigo. Te levantas lentamente, revisas la cama, el suelo de tu habitación, las paredes, con la esperanza de encontrar una buena justificación para no ir a trabajar. Finalmente te levantas y caminas hacia el baño, una vez mas te dices que ahora si vas a comprar un espejo, y como siempre terminas pensando que es un gasto inútil, para lo único que podrías necesitarlo es para peinarte, pero hace ya tiempo que rasuras tu cabeza, por lo que el espejo es un gasto innecesario. No necesitas ver tu cara todas las mañanas, bastante tienes con verte en los cristales de los aparadores de las tiendas que están camino a tu trabajo, o en los espejos que están en el baño de la oficina. Mientras te bañas y después de haber maldecido una vez mas por no haber sido capaz de comprar el cilindro del gas, piensas de nueva cuenta en los espejos, y decides que no lo has de comprar, no necesitas que nada te recuerde el espantoso aspecto que tienes en la mañana, o cuando llegas borracho, con verte a la cara en la calle y la oficina es suficiente. Terminas de bañarte, y te apresuras a vestirte mientras escuchas el programa de noticias y humor que dan por la mañana, mientras te pones los calcetines te das cuenta de lo poco que le interesa a la gente como tu, estar verdaderamente informado, de inmediato sales en tu defensa y te dices a ti mismo sintiéndote el abogado del diablo, que tu ves el noticiero de la noche, y que lees el periódico, lo que no sabes es que le has dado argumentos al fiscal para hacerte pedazos, y piensas ahora como el fiscal, “Leer los titulares en el puesto de la esquina, no es leer el periódico”, sabes que has perdido el caso contigo mismo, por lo que regresas al pensamiento inicial, la mayoría de la gente prefiere ver un programa entretenido, con cortes informativos, a un noticiero de verdad, lógicamente el hecho de ver el noticiero no haría que estuvieras mejor informado, pero sería menos peor.
Mientras terminas de ponerte los zapatos, termina el “programa informativo” y comienza la revista televisiva, piensas que el termino no es apropiado pero no encuentras otro, escuchas un par de las estupideces que dice el comediante, como todos los días te preguntas como puede ser posible que a la gente le gusten esas cosas, como puede ser que alguien se ría con tales estupideces, y haces un recuento de todos esos programas malos de comedia que desearías que desaparecieran, o que nunca hubieran existido. Apagas el televisor, y sales a la calle, camino a tu trabajo, llegas a la esquina haces un calculo rápido de las personas que esperan contigo el camión, tal vez tengas que dejar pasar uno o dos, dependiendo de cuanta gente quiera tomar la misma ruta que tu. Observas con cierto disimulo a la gente que esta a tu alrededor, les creas un perfil, una historia, y te quedas -como siempre- con las ganas de preguntarles para ver que tan acertado estas, el movimiento de la gente y la música (si es que al ruido que trae el chofer se le puede llamar así) te distrae y te recuerda que tienes que llegar a trabajar. Le cedes el paso a una señora, no por cortesía, no, lo que pasa es que muy a tiempo viste las dos bolsas de mandado que carga a cuestas, ese siempre es buen pretexto para quedarte en la puerta del camión, y hacer mas fácil el descenso. Le pagas al chofer, haciendo uso de toda tu fuerza de voluntad evitas reírte del chofer que parece el conde contar de plaza sésamo, sobre todo porque el tipo cuando te da el cambio lo cuenta, peso por peso, y tu, tan ágil de mente (o demente), comienzas a reproducir los truenos en tu mente; que bueno que solo te regreso tres pesos de cambio, que si no, te hubieras muerto de la risa, carcajeado en su cara.
Finalmente llegas a tu destino. Con ayuda de la tabla que pusieron a manera de puente, cruzas el cráter que quedo después de que arreglaron la fuga de agua que se presento hace casi medio año. Tarde o temprano terminaran la obra, o tal vez lo que pasa es que dejaron destapada esa parte de la calle por si después surge otra fuga, el agua pueda acumularse y formar una gran alberca, también puede ser una pequeña presa. Mientras atraviesas el agujero, recuerdas al tipo aquel que se cayó de un puente peatonal en mal estado, nuevamente piensas que es un imbécil por haberse caído, sobre todo porque ya estaban atendiendo a otro imbécil que se había caído minutos antes. Una vez que cruzas el pequeño canal artificial, levantas la cara, hacia el edificio donde laboras, disminuyes la velocidad, no tienes necesidad de llegar tan temprano, lo mas seguro es que el café aún no este listo de todos modos. Llegas a la oficina, saludas a todo el mundo, señas obscenas para algunos, apretones de manos para otros, ademanes varios para los mas lejanos. Tal como lo habías pensado, el café aún no está listo, pero eres de los primeros, así que tomaras café un poco más temprano que de costumbre. Comienzan las risas y los comentarios de siempre, los deportes del fin de semana, las películas, la pareja, finalmente, el informativo de la mañana, las notas chuscas, las noticias, que son las menos por supuesto. Te sirves tu café, y comienzas a enfriarlo mientras escuchas todos los comentarios, no te atreves a dar tu punto de vista por dos razones, primero para hacerte el interesante, o dar la impresión de que no ves esos programitas baratos, y la mas importante no tienes ganas de entrar en polémica, hoy solo quieres escuchar. Terminas tu taza de café, caminas a tu estación de trabajo y antes de repasar los pendientes del día, le dedicas los primeros minutos de tu jornada laborar a revisar tu correo, es ahí cuando te das cuenta de que eres un tipo tan común y tan corriente como todos los demás, y te ríes tan fuerte que todos te voltean a ver como si fueras el ET, te das cuenta, pero no puedes parar de reír, es inevitable, es algo que ya sabías pero hasta hoy es que te ha causado mucha gracia. Que mas da, después de dos minutos de reflexión al respecto, ya estas jugando al solitario en la computadora, mientras platicas con tus compañeros sobre el partido del próximo domingo, que seguramente será el mejor de la historia…

13.4.08

00

Finalmente despertó. Con el estómago hecho jirones, y la cabeza convertida en una olla express a punto de estallar. Los recuerdos le llegaban editados, a medias, era como estar viendo el avance de una mala película. Giro un poco sobre su costado y estiro su brazo derecho para intentar darle vuelta al reloj, eran las 5 de la tarde. No recordaba nada de lo que sucedió el día anterior, solo había ruidos dispersos mezclados como en una licuadora. Intento levantarse, sin conseguirlo, la gravedad parecía haber aumentado cuando menos diez veces en su cabeza, el sentía como si en vez de cabeza tuviera una de esas bolas con las que se hacen las demoliciones en las caricaturas. Cerro los ojos, la oscuridad aliviaba a medias el insoportable dolor, mitigaba aunque solo un poco su agonía. Intento recordar los sucesos de la noche anterior, y se perdió de nueva cuenta, sin estrellas que lo orientasen, sin brújula, sin destino. Es normal –pensó- después de varios días de borrachera, lo lógico es que uno pierda el conocimiento, que no recuerde nada de la borrachera. ¿A quién no le ha pasado que despierta sin saber donde está después de una buena peda? No obstante todo esto, el sabia que algo no estaba bien. Miro a su alrededor buscando respuestas, no lo quería admitir pero no sabia ni siquiera en donde estaba, estaba evitando ese pensamiento como quien evita un camino peligroso u oscuro, como quien esta al borde del acantilado y sabe que el siguiente paso será el último. Una vez mas intento levantarse, esta vez de lado, lastimosamente, elevando primeramente el cuerpo con las manos y arrastrando la cabeza que parecía que fuera un imán atraído hacia el centro de la tierra, poco a poco, lo logro, levanto la cabeza muy despacio temeroso de que se le fuese a desprender de los hombros. Lentamente camino hacia el baño, no importaba que su humanidad estuviese expuesta, estaba solo. Se miro en el espejo sin encontrarse, vio un rostro inexpresivo y fatigado, que tenia marcado el sello de las noches de parranda. No se reconoció en el espejo, parecía que tuviera una mascara que no le permitía ver su rostro. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo, toco su rostro incrédulo de no reconocerse, extraña sensación aquella de estar en el cuerpo de otra persona, cerro los ojos con la intención de generar una imagen en su mente de si mismo. No encontró nada, tan solo las imágenes dispersas que aparecen cuando cierras los ojos en una habitación extremadamente iluminada. Abrió los ojos de nuevo con la esperanza de encontrar un rostro que le fuese familiar, y se encontró una vez más de frente con ese rostro cansado de tanto vivir en exceso. Cerró los ojos una vez mas, suspiro con gran fuerza intentando tranquilizarse, intento pensar en si mismo, en las otras tantas veces que a lo largo de su vida se había parado frente al espejo, intentó recordarse a si mismo, y sonrió, “es una estupidez”, se dijo. Se dio la vuelta y comenzó a reírse, “debo dejar de tomar en esas cantidades, no puede ser que la borrachera me dure tanto tiempo, al grado de imaginarme estas cosas”. Se recostó mirando al techo, no quería admitirlo pero no estaba del todo seguro que se tratara solo de una alucinación, en el fondo sabía que algo no estaba bien y eso lo asustaba. Comenzó a tratar de pensar en otra cosa, aún no sabía donde estaba, o como había llegado hasta ese lugar. Ningún recuerdo llegaba, era como si el y sus recuerdos hubiesen tomado trenes distintos, como si sus recuerdos cansados de seguirlo salvarlo tantas veces, simplemente se hubieran quedado atrás. Caminó hacia la ventana, los últimos rayos de sol de la tarde iluminaban de naranja las calles vacías, demasiado vacías. Regreso hasta el espejo, se miro una vez mas, esperando encontrarse, no tuvo éxito, cerro los ojos con mas fuerza que la primera vez intentando evocar la imagen de si mismo, intentó recordar alguna otra cosa, que le ayudara a entender donde estaba o porque, alguna imagen de si mismo en cualquier lugar. Abrió los ojos aterrado, no recordaba nada, no había imágenes, ni pasado, nada. Era como si le hubieran formateado el cerebro, no se acordaba ni de su rostro, pensándolo bien, no recordaba ni su nombre. Recorrió de nueva cuenta la habitación con la mirada, buscando su ropa y la salida, no encontró nada, miro de nueva cuenta por la ventana, las calles vacías inciertas, únicamente iluminadas por los últimos rayos de sol de la tarde que parecía no terminar jamás. Era inútil, no quiso gritar pidiendo ayuda, no tenía sentido nada de lo que estaba pasando, “es un mal sueño nada mas, en cualquier momento habré de despertar sin recordar nada de esta pesadilla”. Abrió los ojos de nueva cuenta y miro el reloj, que marcaba todavía las cinco de la tarde. Es una broma, -pensó- alguien me esta jugando una mala pasada por algo que hice. Pero esa explicación no era suficiente, faltaban los recuerdos, además de que no podía explicar como es que la noche se tardaba tanto en llegar. Decidió tratar de dormirse, sin alternativas y sin fuerzas para intentar luchar, con la cabeza aún a punto de reventar y preocupado por no saber quien era. Se durmió después de mucho tiempo, con la esperanza de poder recordar quién era al día siguiente, y así todos los días hasta el final de los tiempos.

A ver que sale...

Falta hacerle algunas modificaciones, un poco de maquillaje, subir las historias, agregar links, le falta mucho pero... a ver que sale.