7.1.09

Música

Es la primer semana del año en el trabajo y a pesar de que si hay algo de movimiento yo estoy relativamente tranquilo, y para hacer mas insoportable ameno el transcurrir de los dias, al dj de la oficina le encanta estarnos torturando deleitando con un horripilante bonito repertorio musical, el cual va desde la ¿magnifica interpretación? del Gallo de Oro (el mote en si debería alertar al escucha de que eso es precisamente lo que va a oír: puros gallos), pasando por una serie de grupos terroristas cuyo nombre no conozco pero que ¿cantan? en el mismo tono que el gallo, haciendo una serie de escalas musicales, unas guapachosas, otras poperas, unas mas gay románticas, hasta llegar a la cúspide con las ojala y así sea últimas canciones de Gloria Trevi.

Por lo que a mi respecta no soy fan de esa música, sin embargo es lo que se oye en todos lados y no tengo mas remedio que escucharla a donde quiera que voy, por fortuna he desarrollado la habilidad de bloquear mi sentido auditivo, y gracias a ello es que he podido sobrevivir a la creciente oleada de grupos, gruperos y demás intentos de músicos que hay actualmente. Sin embargo el bloqueo no es del todo infalible por lo que en ocasiones termino escuchando un poco del ruido que llega desde las bocinas vecinas, hago esta aclaración para acallar los reclamos de la conciencia (llamémosle el grillo) que sarcástico espeta: “No seas mamón como dices que bloqueas el sentido auditivo si acabas de enumerar todos los tipos de música que has escuchado en este rato, incluso eres capaz de reconocer a algunos de esos cantores”, como sea en esta ocasión uno de los factores que provoco que pusiera un poco de atención en el repertorio fue el hecho de que, no conforme con tener que escuchar la espantosa melodiosa voz del interprete, una de las compañeras de la oficina decidió unirse a la pena de este y comenzó a berrear entonar una a una las canciones que nuestro dj había programado.

Por eso a mi cuando me preguntan que tipo de música me gusta evito la respuesta fácil de “a mi me gusta de todo tipo de música” porque como diría mi compadre el Satánico Dr. Iosephus esa es una de las tantas cosas que me revienta la madre (lo digo así porque creo que se oye mejor y es mas limpio que decir que es una de las tantas cosas que me cagan los huevos), y es que cuando tu le preguntas a la mayoría de la gente que música le gusta, generalmente contestan “a mi me gusta escuchar de toda la música”, y claro también tenemos a los que se ponen un poco más específicos “yo te oigo lo que sea, rock, cumbias, norteño, banda, salsa” estos últimos son geniales porque si alguna vez por curiosidad les preguntas que tipo de rock, cumbias, norteño, banda o salsa escuchan, te puedes dar cuenta de que su concepto de cada uno de estos tipos de música esta en la mayoría de los casos totalmente distorsionado y que por ejemplo el rock que oyen es el que canta Laureano Brizuela, o moderatto. Para que decir que les gusta escuchar de toda la música si el día que llegas a poner algo de Jazz o de Black Sabath, te miran con cara de que asco que es ese ruido. Yo estoy de acuerdo en que no les guste la música que escucho, pero cuando alguien dice algo así como “perdona que no sea tan culto como tu para entender la música que oyes” No pinches mames, que tiene que ver la cultura con el gusto musical, es cuestión de gustos nada mas, y si yo no critico sus pinches tamborazos y letras sin sentido es lo mismo que espero para mis pinches guitarrazos y letras sin sentido, por eso si la gente pregunta ¿Qué tipo de música te gusta? No deberíamos contestar que de toda porque no es cierto, a ver que tal que un día les llega alguien con un disco de Sabina, Serrat, Elan, la Barranca, Zoe, Foo Fighters, The killers, o bien de Ramón Ayala, el tropicalísimo apache, la sonora sabrosona, los mismos o cualquier otro grupo que se haya tenido la gracia o desgracia de haber escuchado, como le dices al que lo llevo que no te gusta si antes dijiste que te gustaba de toda la música. Yo creo que todos, para bien o mal escuchamos todo tipo de música, pero eso no quiere decir que nos agrade o que en realidad la escuchemos porque nos guste, de ser así, no maldeciríamos cuando nuestro vecino pone a todo volumen ese disco de Nelson Ned, ni tendríamos que llevar audífonos a todas partes para evitar escuchar en el camión el último disco de Niga o los no se que de no que donde.

6.1.09

Auxilio vial

¿Alguien tiene cables que me preste para echar de nuevo a andar este congal?

31.5.08

17

Pasaron varios años hasta que volví a ver a Arturo Belano…Abandono su casa el día en que Jimena y yo nos casamos, no sin antes prometer que algún día regresaría para recuperar el que fuera el amor de su vida, y finalmente hoy estaba de vuelta caminando tranquilamente por el malecón principal. Seguía teniendo el rostro enjuto y la mirada fría, conservaba aún ese rostro inexpresivo que intimidaba a cualquiera.

Trate de esconderme para evitar su encuentro, no tenía respuestas o consuelo que ofrecerle; el se merecía mas que palabras a la medida o discursos prefabricados, no puedes llegar a decirle a alguien que está enamorado perdidamente, que el objeto de su amor se ha fundido en otros ojos, que son otras manos las que toman su cintura cuando caminan por la calle; que no han de ser sus labios los que acaricien su cuerpo desnudo antes de dormir. No me fue posible evitarlo, supongo que me había visto incluso desde antes que yo advirtiera su presencia.

Si su rostro fuera capaz de expresar algún tipo de sentimiento, estoy seguro que sería felicidad. Finalmente llego a mi lado y sin decir palabra alguna se sentó a mi lado. Permanecimos en silencio un par de minutos, hasta que finalmente me dijo:

- He vuelto para luchar por el amor que me robaron.

- Nadie te robo nada, así es el amor.

- Eso no importa ahora, ojala hubieras podido ver su rostro cuando le hable de nosotros, cuando le enseñe la foto.

Al tiempo que decía esto último estiro su mano hasta tocar la mía. Salí corriendo de ahí, pensando en como explicarle a Jimena que antes de conocerla tuve un romance con él, prepare mis mejores palabras antes de llegar a la casa, pero no encontré a nadie.

20.4.08

16

Para cuando salgo del baño ya estás lista, esperando impaciente mi llegada, cubierta solamente con una delgada sábana blanca, que quito delicadamente dejando al descubierto tu bendita desnudez, inhalo tan profundo como puedo para llenarme de tu olor, y de ti.

Con la punta de los dedos toco suavemente tus pies, ahí es donde siempre inicia el recorrido, mis manos suben poco a poco por tus pantorrillas, puedo notar que te depilaste hace poco tiempo y para comprobarlo acaricio tus espinillas, y sonrío al confirmar mi suposición, más no me detengo y me impresiona la fortaleza de tus muslos blancos como la nieve y suaves como el algodón. Separo ligeramente tus piernas y puedo admirar la flor de tu cuerpo, acerco entonces mi rostro para robar su perfume mientras juego con el poco vello negro que contrasta con la blancura de tu piel. Me incorporo y descubro que me he enamorado de nuevo, siempre me pasa.

Cuidadosamente paso por tu vientre, para no quedar atrapado en la gravedad del agujero negro que lo adorna. Finalmente llego a tu pecho, y con ambas manos lo tomo y estrujo suavemente, envuelvo con mis dedos tus pezones que se erigen majestuosos, tan excitados como yo, acerco mi boca y con el ansía del recién nacido los chupo intentando saciar mis instintos más primitivos.

Levanto la cara y acaricio tus mejillas, beso tu cuello y tus suaves labios mientras juego con tu sedoso pelo que cae por debajo de tus hombros, mi mano recorre de nuevo tu cuerpo hasta llegar a tu pubis, mientras mi lengua juega con la tuya, mis dedos juegan con tu sexo y así continúo hasta terminar. Finalmente, me pongo los guantes para poder llegar al fondo de tu alma y si es posible, descubrir la causa de tu muerte.

15

Está noche es especial, hoy es su primer aniversario y quiere hacer algo diferente. Al principio pensó que no necesitaría salir a trabajar, pero su negro quiere ir a celebrar y con lo que ahorro en la semana, no le será suficiente. Sin embargo hoy puede darse el lujo de escoger, en realidad no necesita tanto, pero nunca se sabe, puede ser que al negrito le den ganas de emborracharse, o que quiera ir a bailar después de la cena y la gasolina no la regalan.

Camina como todos los días -excepto el jueves- hasta ese rincón lastimosamente iluminado por la lánguida luz amarilla que se desprende de la vieja lámpara del alumbrado público. Mira a su alrededor y piensa para si misma que tal vez no fue la mejor idea salir a trabajar tan temprano, claro que tiene sus ventajas, entre más temprano se empieza, los clientes suelen ser más jóvenes y con un poco de suerte hasta atractivos, inexpertos o vírgenes. Estos últimos son los mejores, siempre pagan, rara vez reclaman y muchas veces basta fingir un poco para que la cosa sea rápida, dinero fácil piensa. Claro que hay ocasiones en las que lo único que se puede levantar son los obreros apestosos que recién reciben su dinero llegan hasta acá buscando un poco de fantasía, para después salir corriendo a la cantina a contar a sus amigos las proezas que son capaces de realizar en la cama. Como cerdos comienzan a chillar intentando imitar lo que según ellos son los gemidos de placer que provocaron en la mujer que intentaron poseer, todo esto mientras se terminan el dinero que habría de servir para comprar la comida de la semana.

Han pasado treinta minutos desde que llegó y apenas se comienza a ver algo de vida en las calles. Enciende un cigarrillo y ve a un joven acercándose, con paso lento, titubeante, con la cabeza baja, a medida que se acerca sus pasos se hacen más cortos, ella no puede más que sonreír mientras piensa que está noche no podría ser mejor, dinero fácil dice en voz baja.

Finalmente el muchacho llega hasta ella, le dice su nombre y solicita sus servicios. Son quinientos pesos y la habitación también corre por tu cuenta Patricio, le dice ella con la frialdad que da la profesión. El asiente tímidamente con la cabeza, y comienza a caminar. Ella lo toma del brazo intentando calmar la tempestad interior del muchacho. ¿Cuántos años tendrá? Se pregunta mientras caminan al hotel, al tiempo que comienza a realizar un análisis minucioso del joven varón, tenis negros, pantalón de mezclilla a la cintura, una sudadera café con gorra y bolsa al frente que le permite esconder sus manos, el cabello largo y despeinado pero limpio, incluso alcanza a percibir un ligero toque de colonia que sale de su cuello. Mete su mano en la bolsa de la sudadera en busca de las de el, no puede dejar de notar que el chico se estremece y sonroja, acaricia lentamente su mano, la piel es suave, tersa, inmaculada, esboza una ligera sonrisa pues se da cuenta de que Patricio aprieta con fuerza sus manos para no entrelazar sus dedos con los de ella. No debe tener más de diecinueve años piensa, lo abraza y restriega su cuerpo lo mas que puede al de el mientras piensa que no podía tener un mejor regalo de aniversario que ese.

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Hoy es su cumpleaños número dieciocho y está decidido a que sea inolvidable. Desde que despertó a las seis con cuarenta y cinco de la mañana, se pregunta si algo ha cambiado. Se miro en el espejo esperando ver algo diferente, y no pudo ocultar su desánimo cuando vio el mismo rostro infantil de siempre. Perfectamente sabía que el simple hecho de alcanzar la mayoría de edad no haría que las cosas cambiaran como por arte de magia, sin embargo en su corazón albergaba la idea de que así podría ser.

Cuando tuvo que abandonar Buenos Aires hace tres años, lo único que lo hacía soportar cada día, era el pensamiento de que pronto alcanzaría la mayoría de edad y podría regresar a su hogar. Hoy que finalmente alcanzaba la meta, no pudo evitar hacer una especie de recuento de los daños, si bien fue muy difícil al principio aceptar su nueva vida, también es cierto que conforme pasaron los días logro adaptarse y se hizo de muy buenos amigos en el barrio y en la escuela los cuales a pesar de ser muy diferentes en su manera de ser y de pensar, coincidieron en el sobrenombre “El Che Araña”

Sin embargo el último año, en lo único que podía pensar era en “Ella” Desde el primer día que la vio se supo perdido. Por las noches repasaba su recuerdo una y otra vez, debería medir aproximadamente 1.75 metros, delgada, de largas piernas que parecían haber sido torneadas mediante la programación de un gamer, seguramente iba al gimnasio cuando menos tres veces por semana, esos hermosos brazos sin rastros de grasa reafirmaban está idea. Su hermosa piel blanca contrastaba perfectamente con su larga cabellera negra que caía delicadamente sobre sus hombros, sus ojos eran negros como deben ser las noches sin luna ni estrellas, profundos como los agujeros negros que deambulan por el universo absorbiendo todo a su paso; y su boca de un rojo tan intenso como la sangre enmarcada por esos labios tan suaves como deben ser los pétalos de las rosas del jardín del edén.

Todas las tardes –excepto la del jueves- caminaba hasta la calle donde ella vivía, la esperaba escondido en la esquina, con el corazón a punto de reventarle a causa de la ansiedad que le provocaba el ser descubierto. La seguía sigilosamente hasta llegar a su lugar de trabajo en donde la contemplaba impávido y extasiado, al tiempo que contaba cada uno de los cigarros que ella encendía mientras esperaba la llegada de los clientes del día. Cada que alguien la abordaba, el cerraba los ojos y comenzaba a pensar en voz baja que nadie podía llevársela, ella no era un objeto de esos de usar y tirar, pero como siempre sucedía ella terminaba caminando del brazo de cualquier desconocido hasta el mugroso hotel que estaba a dos cuadras de donde ella solía esperar la clientela. Con el alma destrozada, esperaba en la acera de enfrente a que salieran de ahí, y como siempre, no podía soportar la indiferencia de los tipos que recién haber tenido la oportunidad de tocar a un ángel, se fueran a emborrachar o a sus casas sin darse cuenta de lo cerca que estuvieron del nirvana. Para cuando ella salía del hotel, el ya estaba esperando en la misma acera, para seguirla de nuevo hasta su lugar de trabajo. Y así todos los días caminaba de regreso a su casa, soportando el dolor de verla con esos insípidos personajes, de saber que nada podría hacer que cambiara el curso de las cosas.

Pero a partir de hoy todo podría ser diferente. Está vez no será solo un espectador, hoy ha decidido ser el protagonista de la historia. El héroe o el villano, eso no lo sabe aún, las cosas jamás resultan tal como uno las piensa. Sin embargo no ha podido resistirse a elaborar un plan, a repasar mentalmente y frente al espejo las cosas que habrá de decir estando a su lado. Invirtió sus ahorros de cinco años en el regalo que esconde debajo de su cama desde hace dos semanas, esperando pacientemente a que le llegara la mayoría de edad para salir a la luz. Como todos los hombres que se enamoran de ese tipo de imposibles, el está seguro de que ella habrá de abandonar su estilo de vida para estar con el, para disfrutar de ese amor sincero que el puede ofrecerle cada día y dejar esos ratos de placer sin sentido que brinda a todo aquel que pueda con el precio.

Como todas las tardes desde el día siguiente en que la vio, camina hasta la calle donde ella vive y la sigue hasta su lugar de trabajo, le toma veinticinco minutos reunir el valor necesario para comenzar la comedia que ha ensayado durante tanto tiempo. Le da toda la vuelta a la calle rogando porque nadie más se acerque a solicitarla antes de su llegada, cuando finalmente dobla la esquina y logra verla siente que el corazón va a salírsele del pecho, le parece incluso que puede escuchar sus latidos acelerados, se agacha y comienza a respirar profundamente intentando encontrar apaciguar sus emociones sin conseguirlo. Pero ya no importa, no sabe como pero de pronto ya se encuentra caminando de su brazo, siente como sus manos se introducen en la bolsa de su sudadera y comienzan a tocar las suyas y no puede más que apretar con gran fuerza el regalo que habrá de darle más tarde. Se da cuenta de que ella deja de tocar sus manos y sus esperanzas se incrementan cuando ella aprieta con fuerza su cuerpo contra el suyo.

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El recepcionista como siempre sin voltear a ver a la pareja toma una llave cualquiera, y mientras hace el recorrido para entregarla mira el número impreso en el llavero y lo recita de manera automática, al tiempo que abre la palma de la mano y gruñe el precio a pagar. Suben lentamente las escaleras, comienza a notar el sudor en las manos de Patricio, lo mira de reojo hasta que el la ve de soslayo y le sonríe, buscando regresarle la tranquilidad que el pobre hombre dejo olvidada en su casa cuando salió a emprender está aventura.

Al llegar a la habitación el se queda parado con la llave en la mano, incapaz de abrir la puerta. No es sino hasta que ella toma su mano y empuja la llave en el cerrojo que el reacciona de nuevo. Entran al cuarto, ella camina hasta el buró que esta del lado izquierdo de la cama, deja su bolso y comienza a quitarse los aretes, lo mira por el espejo y puede ver como el rostro de Patricio comienza a llenarse de júbilo, finalmente reaccionas le dice mientras comienza a quitarse el vestido blanco que escogió para está noche, tratando de imaginar lo placentero que resultara el sexo que se dispone a tener. Esta noche se puede dar ciertos lujos, quizá un beso en la boca para variar un poco las cosas, tal vez dejarse llevar sin fingir para alargar este momento tanto como sea posible. Todo esto piensa mientras decide si quitarse o no los zapatos, a muchos clientes les gusta sobre todo a los jóvenes, demasiadas películas piensa para si y decide dejárselos, total si no le gustan que el mismo me los quite.

La mira extasiado, no puede dejar de pensar en lo hermosa y maravillosa que es la mujer con la que comparte la habitación. Observa con gran expectación como comienza a desprenderse de sus ropas y accesorios, hubiera preferido que se dejara los aretes se le verían hermosos con el regalo que el trae, pero no logra articular palabras. Sin pensar saca el dinero para cubrir por adelantado el pago que ella espera, camina hasta el tocador y lo coloca sobre el menú del restaurante del hotel, le pregunta si no desea ordenar nada y aún cuando no recibe respuesta de su parte no le importa, lo importante es no despertar sospechas que puedan hacer que el momento termine antes de lo previsto. No puede evitar su reflejo en el espejo y comienza a llenarse de una alegría indescriptible que ella nota y se lo hace saber. Cierra los ojos y repasa de nuevo mentalmente una a una las palabras que habrá de decirle en cualquier momento, los abre de nuevo y contempla maravillado la perfección de su espalda desnuda, de sus largas piernas vestidas elegantemente de negro para una ocasión tan especial.

Llega hasta la cama y se sienta a un lado de ella, mete la mano izquierda en la bolsa de la sudadera, pero no logra decir o hacer nada porque ella lo toma por el cuello y le da un gran beso que lo noquea instantáneamente, no puede hacer nada, se da cuenta de que ha caído en sus redes y que no será sino hasta que ella decida soltarlo, que podrá hacer algo, así que simplemente decide dejarse llevar hasta donde ella quiera.

No sabe que le paso, pero no tiene la menor importancia, en cuanto sintió que se sentó a su lado se lanzó sobre él como una leona sobre la presa enferma, comenzó a desvestirlo con la paciencia y prontitud de la madre amorosa sin darle tiempo de reaccionar, embistiéndolo una y otra vez como un huracán a la costa indefensa. Se había dicho que un beso no estaría mal sin embargo una vez que probo la ternura de sus labios no pudo detenerse, era como una especie de colibrí extrayendo el néctar de una joven flor. Desde que lo vio caminando hacía ella supo que está sería su primera vez, y contrario a lo que normalmente acostumbraba hacer con los primerizos, le estaba dando un trato especial, es un regalo por mi aniversario pensaba para si misma.

Así es como debe uno de sentirse cuando entra al paraíso pensaba mientras intentaba regresar a la normalidad su respiración, tomo su mano y la apretó contra su pecho al tiempo que de reojo contemplaba la perfección de su cuerpo desnudo. Así pasaron un par de minutos hasta que se levantó para recoger del suelo su sudadera, notó que ella lo miraba con cierta confusión y no pudo dejar de pensar que sus sueños se harían realidad ese día, ella estaba enamorada. Saco el estuche con el anillo que había comprado para declararle su amor, camino hasta el otro lado de la cama se sentó a la altura de su cintura y le estiro el anillo mientras recitaba la declaración aprendida de memoria desde hacía mas de dos semanas.

Se sorprendió bastante de la declaración de amor que estaba escuchando. Se preguntó si no se habría equivocado con el y no fuera la primera vez que hacían negocios. Involuntariamente estiro la mano y extendió el dedo para que el le colocara el anillo. La cabeza le daba vueltas, perfectamente sabía que en esa profesión hay cosas que jamás se deben permitir, y sin embargo ahí estaba escuchando la declaración de amor más cursi pronunciada jamás sobre la tierra y con un hermoso anillo en su anular izquierdo. Para cuando termino el discurso amatorio, ya estaba más serena y sabía que lo más sensato era romperle de manera cruel el corazón a Patricio pero no pudo, lo tomo entre sus brazos y lo beso de nuevo como la primera vez, lo llevó hasta lugares que ni ella misma conocía. Al final, bastaron solo un par de minutos para dejarlo exhausto, dormido y solo en la habitación.

Cuando despertó se sintió tan solo y vacio, así como deben sentirse las estrellas en el firmamento, brillantes y hermosas, pero solas. Busco en todas partes alguna nota que explicara su salida repentina, vio el estuche en el tocador y corrió hasta el con la desesperación del suicida, lo abrió y vio el brillante anillo burlándose de su desgracia. Mientras se vestía, su tristeza se iba transformando en ira y antes de salir miro en el espejo su rostro enrojecido. La suerte estaba echada.

No obstante el tiempo que le tomo agotar a Patricio, logró llegar a tiempo a la cita que tenía programada con su negrito, y se encaminaron al restaurante que el había elegido para celebrar un día tan especial. Llegaron poco antes de las nueve de la noche, se sentaron y ordenaron una botella de vino tinto para acompañar los cortes de carne que ordenaron al mesero. No podía dejar de pensar en Patricio, sabía que era sobre todo por lo curioso del caso, sin embargo no estaba segura de que haberlo dejado solo y sin respuestas hubiera sido lo mejor, aunque pensándolo bien igual y quedaron a mano, finalmente ella le brindo un par de servicios al precio de uno.

Sabía donde encontrarla, y a cada paso que daba su ira se incrementaba. Al principio se le ocurrió que si no era para el, entonces no podía ser para nadie, pero conforme pasaba el tiempo, el sentimiento iba cambiando. No lograba entender porque lo había rechazado y no lograba dejar de pensar en la ingratitud de esa hermosa mujer, por más que le hubiese roto el corazón hubiera preferido que le dijera simplemente que no, y que lo hubiesse dejado abandonado como un animal que ya no se quiere y ha comenzado a estorbar en la casa.

Tal vez nunca logré saber que fue lo que paso en realidad, únicamente ha logrado recordar pequeños fragmentos de la historia, recuerda un cuchillo con mango de madera para carne y un vestido blanco tiñéndose de rojo, los gritos de la gente y a un tipo negro huyendo despavorido de la escena. Como sea eso ya no importa han pasado más de tres años y mientras contempla el suave correr del río de la Plata, piensa para si mismo que la herida al parecer ha cerrado por completo.

14

Se sentó en la orilla de la cama, frente al espejo que estaba iluminado por la tenue luz de la luna de agosto que se colaba por la ventana de su habitación. Con los ojos cerrados y agachada, repasó de nuevo la conversación de hacía un rato. Aún cuando muchas otras veces habían terminado así, está vez se sentía diferente, de ahí que no pudiera dejar de repasar los diálogos, pensó en un mal actor que a fuerza de leer una y otra vez el libreto, cree que podrá hacer mejor su presentación. Levanto la cara, abrió los ojos y buscó en el espejo la respuesta que de antemano sabía no habría de llegar. La poca luz que iluminaba la habitación no le permitía ver claramente su reflejo, sonrió y pudo observar como sus ojos se llenaban de un pequeño brillo que suponía perdido.

No lograba poner en orden sus ideas, para ella el adiós siempre la llenaba de lágrimas, dolor, pena e insomnio. El viento que parecía interesado en conocer el final de su historia, intentaba esconderse tras la cortina de la ventana sin conseguirlo, las agitaba de tal forma que con los cambios de luz, parecía que su rostro cambiaba en el espejo, y se mostraba siempre diferente, “Nunca más” pensó, y se imagino al cuervo parado encima del espejo. Dejó sobre la cama la caja de pañuelos que cargo consigo pensando que seguramente los iba a necesitar más tarde.

Pensó en su relación, en su pareja. Desde el principio sabía que su historia no tendría un final feliz, pero decidió darse la oportunidad. Creía que podía disfrutar de cada momento sin caer en la tentación del romance. Hacer los sentimientos a un lado y dejarse llevar por las circunstancias, dejar que los días se acumularan y pasaran uno a uno de la mano de la felicidad que sentía.

Pero es bien sabido que un hombre y una mujer jamás podrán ser solo amigos, y así, el día menos pensado se sorprendió diciéndole “te quiero”, como quien dice hola o buenos días. No importaba que no hubiese respuesta, no la esperaba de cualquier manera. No, el problema era haberse dado cuenta de que comenzaba a sentir, a planear, a soñar con lo que pudiera ser, a dejar de decir tú o yo, para decir nosotros, a llenar de recordatorios la agenda después del primer te quiero, el primer beso, la primer película. Sabía que el problema era el primer te quiero, después de eso ya nunca hay control, se vuelve una especie de tic nervioso y empezamos a decir te quiero involuntariamente y para todo.

Volteó hacia la ventana, miro la enorme luna que parecía en cualquier momento entraría para sentarse a su lado a iluminar su habitación, como tantas veces estando con él. Sus pensamientos la trajeron de vuelta. No era la primera vez que peleaban de esa forma, había perdido la cuenta de todas las veces que dijeron adiós para estar de nuevo juntos al otro día. La mayoría de las ocasiones la que decidía abandonar el barco era ella, mujer al fin, en ocasiones no estaba conforme con el estado que guardaban las cosas, un día quería más y al otro nada; podía despertar a su lado queriéndolo mas que a nadie en el mundo y al momento de saltar de la cama aborrecerlo como a su peor enemigo. Sin embargo, las lágrimas derramadas eran el mejor testigo de que ella siempre recibía su castigo, finalmente no se puede ser tan impulsiva, tener tantos arranques sin pagar un precio por ello.

Pero está vez era diferente.

Está vez ella no fue la que decidió terminar, decir adiós. Esa era quizá la causa de su calma. Ahora no sería ella la que cargara con el remordimiento de todo lo que pudo haber sido. No tendría que culparse por todos esos momentos que ya no habrían de ser. Podría dormir tranquila sin tener que escuchar las risas de los niños jugando en el jardín de la casa que nunca compartirían. Esta vez no tendría ese mal sabor de boca producido por los besos que nunca llegarían, no sentiría ese frío intenso en la espalda provocado por el vacío en su cama, no tendría esa piedra en el zapato molestándole a cada instante.

Se dio cuenta de todo esto y sonrió. Se miro en el espejo y la extraña combinación de luz y sombras le hacían ver una persona diferente, la sonrisa inicial se convirtió en grandes carcajadas que la hicieron tumbarse en la cama. Esa euforia fue tan grande y prolongada, que provocó que una lágrima se escapara de su ojo izquierdo, al sentirla deslizándose por su mejilla se incorporó, a tientas consiguió sacar un pañuelo de la caja que tenía a su lado, secó su rostro y al levantar la mirada se sintió orgullosa de la imagen que le era devuelta. Se sintió tan fuerte, tan segura, nada podría hacerle daño a partir de hoy, y no obstante que sabía que probablemente para la tarde estaría de nuevo en sus brazos, también sabía que las cosas serían diferentes. Era una mujer, mas madura, mas completa.

Antes de levantarse de la cama miró de nueva cuenta su rostro en el espejo, la imagen no había cambiado, no había sido algo pasajero o momentáneo, está mujer que miraba en el espejo había decidido quedarse, sabedora de esto, hizo una pequeña mueca de satisfacción, lanzo un intenso suspiro y mientras se levantaba de la cama dijo en voz alta “Nunca más”.

13

Todavía recuerdo la primera vez que lo vi, tan blanco, tan irreal, corriendo como loco porque se le acababa el tiempo.

Al principio pensé que estaba loco, pero la curiosidad (que dicho sea de paso ojala algún día mate al miserable gato que se aparece de vez en cuando y no me deja dormir) me hizo seguirlo hasta su guarida, la cual estaba repleta de cenzontles que cantaban sin sentido. Luciérnagas iluminando la noche silbando incesantes y caóticas melodías. Elefantes azules que tocan el mejor jazz del mundo. Ballenas que con su música te hacen olvidar todos tus problemas. Enormes Leones que controlan a todas las criaturas del lugar.

Desde entonces comencé a ir con el conejo cada que se aparecía, y siempre era diferente.

Sin embargo las cosas cambiaron mucho a partir de que empezamos a visitar la luna que ilumina el cielo morado, a ver al viejo conejo sabio que ahí vive. Al principio pensé que era un juego más, ¿Cómo habría yo de poder matar a un diablo? pero, ¿Quién en su sano juicio se puede negar a entrenar con espadas y arcos? ¿Cómo dejar pasar la oportunidad de aprender algunos trucos de magia?

Así que aquí estoy, metido hasta el fondo de las apestosas y oscuras catacumbas, en busca del Diablo que en ellas vive. Claro que no es la primera vez que alguien intenta destruirlo, es mas, algunos han tenido éxito, sin embargo, la tentación los convirtió en sucesores de aquel que eliminaron.

Yo solo espero poder salir victorioso de esta extraña misión, quizá si logro vencer al maligno sin convertirme en el mismo, esos dos conejos blancos que me metieron en esto, dejen venir a mis amigos a verme mas seguido, y no solo una vez cada mes, como siempre de nueve a una.