20.4.08

16

Para cuando salgo del baño ya estás lista, esperando impaciente mi llegada, cubierta solamente con una delgada sábana blanca, que quito delicadamente dejando al descubierto tu bendita desnudez, inhalo tan profundo como puedo para llenarme de tu olor, y de ti.

Con la punta de los dedos toco suavemente tus pies, ahí es donde siempre inicia el recorrido, mis manos suben poco a poco por tus pantorrillas, puedo notar que te depilaste hace poco tiempo y para comprobarlo acaricio tus espinillas, y sonrío al confirmar mi suposición, más no me detengo y me impresiona la fortaleza de tus muslos blancos como la nieve y suaves como el algodón. Separo ligeramente tus piernas y puedo admirar la flor de tu cuerpo, acerco entonces mi rostro para robar su perfume mientras juego con el poco vello negro que contrasta con la blancura de tu piel. Me incorporo y descubro que me he enamorado de nuevo, siempre me pasa.

Cuidadosamente paso por tu vientre, para no quedar atrapado en la gravedad del agujero negro que lo adorna. Finalmente llego a tu pecho, y con ambas manos lo tomo y estrujo suavemente, envuelvo con mis dedos tus pezones que se erigen majestuosos, tan excitados como yo, acerco mi boca y con el ansía del recién nacido los chupo intentando saciar mis instintos más primitivos.

Levanto la cara y acaricio tus mejillas, beso tu cuello y tus suaves labios mientras juego con tu sedoso pelo que cae por debajo de tus hombros, mi mano recorre de nuevo tu cuerpo hasta llegar a tu pubis, mientras mi lengua juega con la tuya, mis dedos juegan con tu sexo y así continúo hasta terminar. Finalmente, me pongo los guantes para poder llegar al fondo de tu alma y si es posible, descubrir la causa de tu muerte.