20.4.08

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Todavía recuerdo la primera vez que lo vi, tan blanco, tan irreal, corriendo como loco porque se le acababa el tiempo.

Al principio pensé que estaba loco, pero la curiosidad (que dicho sea de paso ojala algún día mate al miserable gato que se aparece de vez en cuando y no me deja dormir) me hizo seguirlo hasta su guarida, la cual estaba repleta de cenzontles que cantaban sin sentido. Luciérnagas iluminando la noche silbando incesantes y caóticas melodías. Elefantes azules que tocan el mejor jazz del mundo. Ballenas que con su música te hacen olvidar todos tus problemas. Enormes Leones que controlan a todas las criaturas del lugar.

Desde entonces comencé a ir con el conejo cada que se aparecía, y siempre era diferente.

Sin embargo las cosas cambiaron mucho a partir de que empezamos a visitar la luna que ilumina el cielo morado, a ver al viejo conejo sabio que ahí vive. Al principio pensé que era un juego más, ¿Cómo habría yo de poder matar a un diablo? pero, ¿Quién en su sano juicio se puede negar a entrenar con espadas y arcos? ¿Cómo dejar pasar la oportunidad de aprender algunos trucos de magia?

Así que aquí estoy, metido hasta el fondo de las apestosas y oscuras catacumbas, en busca del Diablo que en ellas vive. Claro que no es la primera vez que alguien intenta destruirlo, es mas, algunos han tenido éxito, sin embargo, la tentación los convirtió en sucesores de aquel que eliminaron.

Yo solo espero poder salir victorioso de esta extraña misión, quizá si logro vencer al maligno sin convertirme en el mismo, esos dos conejos blancos que me metieron en esto, dejen venir a mis amigos a verme mas seguido, y no solo una vez cada mes, como siempre de nueve a una.