20.4.08

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De que sirvieron los días de sacrificio. Levantarme temprano, ir a la escuela sin rezongar, hacer siempre lo correcto por mas aburrido que fuese, deje de fumar y que dios me perdone, pero no probé ni gota de alcohol durante este tiempo.

Desde que supe que finalmente saldría al mercado ese juego, supe que solo lo obtendría portándome bien para que Santa lo dejara muy bonito en mi zapato derecho.

Los primeros días fueron los más difíciles, con una reputación que cuidar en la colonia y la escuela ese papelito de niño bueno para nada ayudaba. Deje de salir para evitar problemas, saque buenas calificaciones, incluso llegue a presentar mis tareas. Así, ayer al anochecer, me sentí como un maratonista que llega a la meta.

Sé que no estuvo bien que esperara escondido la llegada del regalo pero tenia que estar seguro. Total que ahí estoy yo de pendejo dejando de hacer lo que me gusta para obtener el regalo, y resulta que el pinché panzón saca del costal nada más un carrito de control remoto y una bolsa de dulces para mi carnal, de inmediato lo pare y le dije –Se te olvida algo ¿no?- y que me dice el muy cabrón –¿No te parece que ya estas grandecito como para que te traiga regalos?

En ese momento perdí el control y le solté el primer madrazo, fue maravilloso ver sus 200 kilos cayendo sin control al suelo, y para su mala suerte que cae encima del carro de mi carnal que bajaba las escaleras en ese momento. Error fatal. Entre los dos le pusimos la madriza de su vida, y si ya se, a lo mejor el año que entra tampoco nos trae regalos, pero no importa, ya estamos cazando a los pinches maguitos esos que también traen regalos.