Ya casi tengo 50 años y haciendo un recuento de mi vida puedo decir que nunca fui rebelde, ni siquiera en mis años de adolescencia, siempre respete y obedecí a mis padres, nunca me he emborrachado, jamás le he faltado al respeto a mi esposa, nunca le he sido infiel, ni siquiera se lo que es tener un sueño pecaminoso. No puedo quejarme, he llevado una buena vida, mis hijos están por salir al extranjero a continuar con sus estudios, mi esposa conserva la belleza de su juventud y es la mujer mas abnegada que conozco. Yo gozo de buena salud, tengo un empleo que nos permite vivir cómodamente, en general he tenido éxito en todo lo que me he propuesto a lo largo de mi vida. Creo que puedo decir que soy una buena persona.
Sin embargo hace tiempo que una idea revolotea en mi cabeza cual abeja en un pan embarrado de miel. Quiero hacer algo importante, algo por lo que se recuerde mi estancia en este mundo. De todo esto he obtenido conclusiones interesantes, por ejemplo, nunca he sido bueno en el arte, no se diferenciar entre las distintas tendencias o bien entre una pintura u otra, a mi simplemente me gusta o no tal o cual cosa y eso es todo. Tampoco toco ningún instrumento musical y canto tan mal que esa es la única cosa que me tiene prohibido hacer mi esposa en su presencia. A pesar de que muchos años hice deporte en la escuela, nunca sobresalí en ninguna disciplina. Incluso estuve en el ejército, pero hubo muchas cosas que no me gustaron y decidí dejarlo al terminar mi servicio. He analizado detalladamente muchas opciones, pero no estoy apto para ninguna de ellas, muchas veces porque son cosas que nunca he hecho, o bien porque soy muy malo haciéndolas, y si a eso le sumamos mis casi 50 años, la cosa empeora bastante.
Hace un par de semanas sin embargo cuando me dirigía al trabajo, en la radio estaban dando una noticia que resolvió mi dilema:
Hoy se encontró el cuerpo sin vida de Marciano Heriberto Schemar Riojas, con el ya son 5 las victimas del asesino que ha sido bautizado como “la muerte rosa” toda vez que la característica en común que presentan las victimas es que se trata de homosexuales asesinados en la Zona Rosa de la Ciudad de México. El gerente del hotel…
Por supuesto que no iba yo a dedicarme a matar Homosexuales o Lesbianas, o personas de tal o cual grupo determinado. No, lo que yo hiciera tendría que ser mas grande, algo que no tuviera comparación, algo para ser recordado por muchos años. Un hecho que dentro de muchos años se contara incluso como leyenda, una de esas historias que te cuentan tus abuelos y que por supuesto tú nunca crees.
De inmediato pensé en aquella mujer. Ella sería el mártir perfecto, mi entrada a los anales de la historia. Ixtab creo que es su nombre, muy raro desde mi punto de vista. Ya tiene varios años predicando todas esas cosas acerca del amor y del fin de los días, no es que me interesen las tonterías que dice, pero tiene demasiados seguidores no solo aquí, sino en varias partes del mundo. Es uno de esos personajes que surgen cada cierto tiempo queriendo cambiar al mundo y siempre es al revés, el mundo termina con ellos. Yo fui a una de sus conferencias, la verdad es que si son entretenidas, sin embargo hay algo que no me acaba de convencer acerca de ella, cuando la veo invariablemente recuerdo aquellos predicadores que provocaron grandes suicidios colectivos, me asusta. No es que ande buscando un pretexto para hacerla el blanco perfecto, pero la verdad si me asusta.
Ya tengo todo más o menos calculado. Ella se va a presentar en el teatro del pueblo el próximo día veinte, ese lugar es el más indicado para llevar a cabo la tarea planeada, hay cuatro o cinco edificios antiguos que tienen una excelente vista a la entrada del teatro. A la hora que salga de su conferencia, la gente que quiere estar cerca de ella para tomarse una foto o recibir un autógrafo, retrasará su caminar, lo que me dará el tiempo suficiente para conseguir un tiro certero. En un principio pensé en disparar al corazón, matar el corazón del falso profeta pensaba, pero creo que eso conlleva cierto riesgo, porque pudiera ser que el tiro no fuera lo suficientemente bueno como para reventarle el corazón, o que tal que como pasa en las películas ella cargue consigo una placa, reloj, libro, insignia reliquia o cualquier otra cosa que desvíe el disparo y no muera. No, lo mejor es disparar a la cabeza. Desde que decidí llevar a cabo todo esto, llevo varios días soñando con el día en que lo llevaré a cabo. Serán aproximadamente las 7 de la noche, las puertas se abrirán y ella saldrá acompañada de sus dos guardaespaldas, la gente poco a poco se arremolinara junto a ella, de tal modo que no podrá dejar de tomarse algunas fotos, ni de firmar varios autógrafos. Después de esto, ella levantara las manos como siempre lo hace, agradeciendo a la multitud y recordándoles que el final está cerca. Justo en ese momento jalaré del gatillo. La sangre que brote del lado derecho de su cabeza manchara una de las puertas, los escalones y algunos de sus seguidores. El tiro será tan preciso que aún cuando la bala atravesará el cráneo, nadie más saldrá herido, puesto que la bala se incrustará en una de las hojas de la enorme puerta de madera del teatro. Hasta he llegado a pensar que con un poco de suerte, justo antes de jalar el gatillo, ella podrá ver el reflejo de la luna en la mira telescópica, será su luz al final del túnel.
El alboroto de la gente me dará los minutos necesarios para abandonar la escena.
Cuando llegue a casa, serán aproximadamente las 8:15 de la noche. Besaré a mi mujer como todos los días, saludaré a mis hijos mientras les pregunto que hay de nuevo, al tiempo en que empiezo a tomar un poco de agua. Para ese entonces quizá ellos ya sepan lo que paso y me contaran asombrados toda la historia, me darán los detalles que ya conozco, y conversaremos acerca de ello mientras cenamos escuchando el noticiero. Como todos los días, leeré un par de hojas del libro en turno, por ser jueves haré el amor con mi mujer antes de dormir, rezaré las oraciones que mis padres me enseñaron, pediré al señor por mi familia y la paz de mi alma y me dormiré tranquilamente.
Así transcurrirá mi vida, sin prisas ni sobresaltos. Los años que me queden de vida los consagraré a hacer feliz a mi mujer. Agradeceré al cielo los nietos que mis hijos tengan a bien darme, tendré una vejez placentera y llegado el momento moriré, tal como debe de ser, y seguramente me iré al cielo, a fin de cuentas siempre he sido una buena persona.

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