“Hay días en que el regreso a la vida es penoso y angustioso” eso lo leíste en alguna parte seguro, y hoy indudablemente aplica. Son las seis de la mañana y ya estás listo para iniciar la jornada. Un café y pan, el desayuno de los campeones. Sales corriendo y tienes suerte de que el camión tenga asientos disponibles, se podría hacer de tu día una crónica como la de “Santiago” el día de su muerte. Antes de abrir el libro miras por la ventana y ves a un hombre como de 45 años justo en el momento que abandona el hotel, abrazado de una niña, “incluso la moral es cuestión de tiempo” piensas, si lo hubieras visto más adelante pensarías que es su nieta, como sea no importa.
Finalmente caes en la lectura, cual si fueras “Alicia” por el agujero, intentando llegar al “centro de la tierra” mirando todo a “través del espejo” como en un “viaje a la luna”. Que tedioso sería recorrer el mismo camino todos los días, rostros conocidos, fachadas grises, en cambio, gracias a la lectura, has podido conocer a la señora “K”, alguna vez le ayudaste a resolver un caso al señor “Holmes”, aunque tuviste insomnio después por temor a Eso, pero eso no te ha impedido continuar con la labor encomendada: “desfacer fuerzas y socorrer a los miserables”.
Finalmente llegas a tu destino, pero no lograste terminar el capitulo así que caminas las calles que te faltan con libro en mano, para poder terminar esa parte de la historia, y de pronto sientes el golpe, el libro se cae de tus manos y cuando estas a punto de maldecir al imprudente, levantas la cara y ves a una mujer encantadora, le sonríes mientras piensas para tus adentros “No hay casualidades sino destinos”
Finalmente caes en la lectura, cual si fueras “Alicia” por el agujero, intentando llegar al “centro de la tierra” mirando todo a “través del espejo” como en un “viaje a la luna”. Que tedioso sería recorrer el mismo camino todos los días, rostros conocidos, fachadas grises, en cambio, gracias a la lectura, has podido conocer a la señora “K”, alguna vez le ayudaste a resolver un caso al señor “Holmes”, aunque tuviste insomnio después por temor a Eso, pero eso no te ha impedido continuar con la labor encomendada: “desfacer fuerzas y socorrer a los miserables”.
Finalmente llegas a tu destino, pero no lograste terminar el capitulo así que caminas las calles que te faltan con libro en mano, para poder terminar esa parte de la historia, y de pronto sientes el golpe, el libro se cae de tus manos y cuando estas a punto de maldecir al imprudente, levantas la cara y ves a una mujer encantadora, le sonríes mientras piensas para tus adentros “No hay casualidades sino destinos”

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