20.4.08

02

La caravana salió al amanecer de la ciudad, la abandonaba, dejándola satisfecha después de las noches tan intensas que pasaron juntos. Mientras disfrutaba de su desayuno de microondas, chilaquiles con crema, huevos estrellados y frijoles, el productor se pregunto si todavía tenía algún sentido seguir andando los caminos, sobra decir que no era por atacar la tristeza de la gente que lo seguía haciendo, eso era lo que menos importaba. El dinero, la aventura, la emoción, el poder conocer nuevos lugares… No, el sabia que en algún momento simplemente perdió su lucidez, y decidió seguir ese camino, como aquellos que creen en la quiromancia y se creen todo lo que la gitana les dice que ve en sus manos. Se quedo meditabundo después de tanta reflexión, no era la primera vez, claro está, que estas cosas le revoloteaban como libélulas inquietas y ruidosas por el pensamiento, sin embargo en esa ciudad de la que se alejaba lentamente, estaba la razón por la cual se abandono a esa vida de nómada. Inerme ante tal afirmación, la recordó tan hermosa como era, detrás del mostrador de la confitería, era un milagro de la creación, y tal vez el espejo de su alma, pero de nada sirvieron las flores, y los poemas, pocas veces pueden ganarle a las joyas y relojes con minutero de oro, aunque se piense a veces otra cosa. Con esa deducción a cuestas, se tiro en el desvencijado catre, en el que apenas cabía recostado de lado, y que estando vacio, parecía una cárcava que alguna vez albergo un pequeño rio sin origen ni destino. Hay ciertas cosas que nunca se olvidan, y no queda más que tratar de emborucar el pensamiento, distraerlo con otras cosas, como dicen “el show debe continuar”.