16.4.08

01

Son las siete de la mañana, el teléfono celular comienza a reproducir la vocecita de elmo diciendo “elmo dice que cuando estés dormido te va a cargar la ver…” sonaba tan gracioso cuando lo oíste por primera vez, y sin embargo ahora después de tanto tiempo de tenerlo, y sobre todo los lunes, te dan ganas de lanzar el teléfono contra la pared mas cercana, pero recuerdas los tantos cientos de pesos que pagaste por el, y te detienes, tal vez aprietas un poco mas fuerte el botón con el que se desactiva la alarma, a manera de venganza, de castigo. Te levantas lentamente, revisas la cama, el suelo de tu habitación, las paredes, con la esperanza de encontrar una buena justificación para no ir a trabajar. Finalmente te levantas y caminas hacia el baño, una vez mas te dices que ahora si vas a comprar un espejo, y como siempre terminas pensando que es un gasto inútil, para lo único que podrías necesitarlo es para peinarte, pero hace ya tiempo que rasuras tu cabeza, por lo que el espejo es un gasto innecesario. No necesitas ver tu cara todas las mañanas, bastante tienes con verte en los cristales de los aparadores de las tiendas que están camino a tu trabajo, o en los espejos que están en el baño de la oficina. Mientras te bañas y después de haber maldecido una vez mas por no haber sido capaz de comprar el cilindro del gas, piensas de nueva cuenta en los espejos, y decides que no lo has de comprar, no necesitas que nada te recuerde el espantoso aspecto que tienes en la mañana, o cuando llegas borracho, con verte a la cara en la calle y la oficina es suficiente. Terminas de bañarte, y te apresuras a vestirte mientras escuchas el programa de noticias y humor que dan por la mañana, mientras te pones los calcetines te das cuenta de lo poco que le interesa a la gente como tu, estar verdaderamente informado, de inmediato sales en tu defensa y te dices a ti mismo sintiéndote el abogado del diablo, que tu ves el noticiero de la noche, y que lees el periódico, lo que no sabes es que le has dado argumentos al fiscal para hacerte pedazos, y piensas ahora como el fiscal, “Leer los titulares en el puesto de la esquina, no es leer el periódico”, sabes que has perdido el caso contigo mismo, por lo que regresas al pensamiento inicial, la mayoría de la gente prefiere ver un programa entretenido, con cortes informativos, a un noticiero de verdad, lógicamente el hecho de ver el noticiero no haría que estuvieras mejor informado, pero sería menos peor.
Mientras terminas de ponerte los zapatos, termina el “programa informativo” y comienza la revista televisiva, piensas que el termino no es apropiado pero no encuentras otro, escuchas un par de las estupideces que dice el comediante, como todos los días te preguntas como puede ser posible que a la gente le gusten esas cosas, como puede ser que alguien se ría con tales estupideces, y haces un recuento de todos esos programas malos de comedia que desearías que desaparecieran, o que nunca hubieran existido. Apagas el televisor, y sales a la calle, camino a tu trabajo, llegas a la esquina haces un calculo rápido de las personas que esperan contigo el camión, tal vez tengas que dejar pasar uno o dos, dependiendo de cuanta gente quiera tomar la misma ruta que tu. Observas con cierto disimulo a la gente que esta a tu alrededor, les creas un perfil, una historia, y te quedas -como siempre- con las ganas de preguntarles para ver que tan acertado estas, el movimiento de la gente y la música (si es que al ruido que trae el chofer se le puede llamar así) te distrae y te recuerda que tienes que llegar a trabajar. Le cedes el paso a una señora, no por cortesía, no, lo que pasa es que muy a tiempo viste las dos bolsas de mandado que carga a cuestas, ese siempre es buen pretexto para quedarte en la puerta del camión, y hacer mas fácil el descenso. Le pagas al chofer, haciendo uso de toda tu fuerza de voluntad evitas reírte del chofer que parece el conde contar de plaza sésamo, sobre todo porque el tipo cuando te da el cambio lo cuenta, peso por peso, y tu, tan ágil de mente (o demente), comienzas a reproducir los truenos en tu mente; que bueno que solo te regreso tres pesos de cambio, que si no, te hubieras muerto de la risa, carcajeado en su cara.
Finalmente llegas a tu destino. Con ayuda de la tabla que pusieron a manera de puente, cruzas el cráter que quedo después de que arreglaron la fuga de agua que se presento hace casi medio año. Tarde o temprano terminaran la obra, o tal vez lo que pasa es que dejaron destapada esa parte de la calle por si después surge otra fuga, el agua pueda acumularse y formar una gran alberca, también puede ser una pequeña presa. Mientras atraviesas el agujero, recuerdas al tipo aquel que se cayó de un puente peatonal en mal estado, nuevamente piensas que es un imbécil por haberse caído, sobre todo porque ya estaban atendiendo a otro imbécil que se había caído minutos antes. Una vez que cruzas el pequeño canal artificial, levantas la cara, hacia el edificio donde laboras, disminuyes la velocidad, no tienes necesidad de llegar tan temprano, lo mas seguro es que el café aún no este listo de todos modos. Llegas a la oficina, saludas a todo el mundo, señas obscenas para algunos, apretones de manos para otros, ademanes varios para los mas lejanos. Tal como lo habías pensado, el café aún no está listo, pero eres de los primeros, así que tomaras café un poco más temprano que de costumbre. Comienzan las risas y los comentarios de siempre, los deportes del fin de semana, las películas, la pareja, finalmente, el informativo de la mañana, las notas chuscas, las noticias, que son las menos por supuesto. Te sirves tu café, y comienzas a enfriarlo mientras escuchas todos los comentarios, no te atreves a dar tu punto de vista por dos razones, primero para hacerte el interesante, o dar la impresión de que no ves esos programitas baratos, y la mas importante no tienes ganas de entrar en polémica, hoy solo quieres escuchar. Terminas tu taza de café, caminas a tu estación de trabajo y antes de repasar los pendientes del día, le dedicas los primeros minutos de tu jornada laborar a revisar tu correo, es ahí cuando te das cuenta de que eres un tipo tan común y tan corriente como todos los demás, y te ríes tan fuerte que todos te voltean a ver como si fueras el ET, te das cuenta, pero no puedes parar de reír, es inevitable, es algo que ya sabías pero hasta hoy es que te ha causado mucha gracia. Que mas da, después de dos minutos de reflexión al respecto, ya estas jugando al solitario en la computadora, mientras platicas con tus compañeros sobre el partido del próximo domingo, que seguramente será el mejor de la historia…