13.4.08

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Finalmente despertó. Con el estómago hecho jirones, y la cabeza convertida en una olla express a punto de estallar. Los recuerdos le llegaban editados, a medias, era como estar viendo el avance de una mala película. Giro un poco sobre su costado y estiro su brazo derecho para intentar darle vuelta al reloj, eran las 5 de la tarde. No recordaba nada de lo que sucedió el día anterior, solo había ruidos dispersos mezclados como en una licuadora. Intento levantarse, sin conseguirlo, la gravedad parecía haber aumentado cuando menos diez veces en su cabeza, el sentía como si en vez de cabeza tuviera una de esas bolas con las que se hacen las demoliciones en las caricaturas. Cerro los ojos, la oscuridad aliviaba a medias el insoportable dolor, mitigaba aunque solo un poco su agonía. Intento recordar los sucesos de la noche anterior, y se perdió de nueva cuenta, sin estrellas que lo orientasen, sin brújula, sin destino. Es normal –pensó- después de varios días de borrachera, lo lógico es que uno pierda el conocimiento, que no recuerde nada de la borrachera. ¿A quién no le ha pasado que despierta sin saber donde está después de una buena peda? No obstante todo esto, el sabia que algo no estaba bien. Miro a su alrededor buscando respuestas, no lo quería admitir pero no sabia ni siquiera en donde estaba, estaba evitando ese pensamiento como quien evita un camino peligroso u oscuro, como quien esta al borde del acantilado y sabe que el siguiente paso será el último. Una vez mas intento levantarse, esta vez de lado, lastimosamente, elevando primeramente el cuerpo con las manos y arrastrando la cabeza que parecía que fuera un imán atraído hacia el centro de la tierra, poco a poco, lo logro, levanto la cabeza muy despacio temeroso de que se le fuese a desprender de los hombros. Lentamente camino hacia el baño, no importaba que su humanidad estuviese expuesta, estaba solo. Se miro en el espejo sin encontrarse, vio un rostro inexpresivo y fatigado, que tenia marcado el sello de las noches de parranda. No se reconoció en el espejo, parecía que tuviera una mascara que no le permitía ver su rostro. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo, toco su rostro incrédulo de no reconocerse, extraña sensación aquella de estar en el cuerpo de otra persona, cerro los ojos con la intención de generar una imagen en su mente de si mismo. No encontró nada, tan solo las imágenes dispersas que aparecen cuando cierras los ojos en una habitación extremadamente iluminada. Abrió los ojos de nuevo con la esperanza de encontrar un rostro que le fuese familiar, y se encontró una vez más de frente con ese rostro cansado de tanto vivir en exceso. Cerró los ojos una vez mas, suspiro con gran fuerza intentando tranquilizarse, intento pensar en si mismo, en las otras tantas veces que a lo largo de su vida se había parado frente al espejo, intentó recordarse a si mismo, y sonrió, “es una estupidez”, se dijo. Se dio la vuelta y comenzó a reírse, “debo dejar de tomar en esas cantidades, no puede ser que la borrachera me dure tanto tiempo, al grado de imaginarme estas cosas”. Se recostó mirando al techo, no quería admitirlo pero no estaba del todo seguro que se tratara solo de una alucinación, en el fondo sabía que algo no estaba bien y eso lo asustaba. Comenzó a tratar de pensar en otra cosa, aún no sabía donde estaba, o como había llegado hasta ese lugar. Ningún recuerdo llegaba, era como si el y sus recuerdos hubiesen tomado trenes distintos, como si sus recuerdos cansados de seguirlo salvarlo tantas veces, simplemente se hubieran quedado atrás. Caminó hacia la ventana, los últimos rayos de sol de la tarde iluminaban de naranja las calles vacías, demasiado vacías. Regreso hasta el espejo, se miro una vez mas, esperando encontrarse, no tuvo éxito, cerro los ojos con mas fuerza que la primera vez intentando evocar la imagen de si mismo, intentó recordar alguna otra cosa, que le ayudara a entender donde estaba o porque, alguna imagen de si mismo en cualquier lugar. Abrió los ojos aterrado, no recordaba nada, no había imágenes, ni pasado, nada. Era como si le hubieran formateado el cerebro, no se acordaba ni de su rostro, pensándolo bien, no recordaba ni su nombre. Recorrió de nueva cuenta la habitación con la mirada, buscando su ropa y la salida, no encontró nada, miro de nueva cuenta por la ventana, las calles vacías inciertas, únicamente iluminadas por los últimos rayos de sol de la tarde que parecía no terminar jamás. Era inútil, no quiso gritar pidiendo ayuda, no tenía sentido nada de lo que estaba pasando, “es un mal sueño nada mas, en cualquier momento habré de despertar sin recordar nada de esta pesadilla”. Abrió los ojos de nueva cuenta y miro el reloj, que marcaba todavía las cinco de la tarde. Es una broma, -pensó- alguien me esta jugando una mala pasada por algo que hice. Pero esa explicación no era suficiente, faltaban los recuerdos, además de que no podía explicar como es que la noche se tardaba tanto en llegar. Decidió tratar de dormirse, sin alternativas y sin fuerzas para intentar luchar, con la cabeza aún a punto de reventar y preocupado por no saber quien era. Se durmió después de mucho tiempo, con la esperanza de poder recordar quién era al día siguiente, y así todos los días hasta el final de los tiempos.